¿Qué significa ser ordinario y vulgar?

Amigos y amigas, tengo paciencia y tolerancia para muchísimas situaciones y personas, en especial con los niños, pero cada día aguanto menos la infinita estupidez humana y la gente ordinaria y vulgar, por usar términos educados, y, cada día más, la mayor parte del mundo respira la misma atmósfera que en una piscina municipal con pretensiones.

Como a menudo me quejo de ello porque la estupidez y la vulgaridad parecen ganar terreno día a día, hace poco una amiga me pidió que definiera ‘ordinario’ y ‘vulgar’ según mis términos de referencia, no según lo que dice el diccionario. Tras reflexionar sobre la conveniencia de tal definición, la comparto por si os puede ser útil o simplemente interesante para pensar.

Lo que denomino ‘gente vulgar y ordinaria’ se trata de gente dominada por los instintos bajos (lujuria, avaricia, miedo, sexo, envidia, egocentrismo, pretenciosidad…) sin llegar a los niveles que socialmente se consideran patológicos, aunque personalmente los considero enfermos regresivos porque no usan ni un mínimo aceptable las capacidades psíquicas que la Naturaleza nos ha dado como ‘seres humanos’.

En primer lugar, es gente que desconoce la contención por propia decisión, reflexionada y consciente, no por miedo al garrotazo  —si hacen lo que les han prohibido— o por anhelo de la zanahoria —si se portan bien.

Es gente que nunca parece haber tenido en su corazón la experiencia de la belleza, del amor no-instintivo ni de la armonía (o lo ha olvidado trágicamente); por tanto, ni tan solo saben que se puede tener una ‘mirada estética, amorosa y objetiva’ sobre el mundo. Su subjetividad es todo ‘su mundo’ al que confunden con ‘el mundo’.

Usan un léxico muy pobre y repetitivo, no creo que pase de 800 palabras en total, y con ello expresan toda su vida de tan poco contenido. Hay algo de ‘sucio’ y ‘poco cuidado’ en su forma de actuar, referido a varios niveles y sentidos. Se trata de ‘masa sin individualizar’, falta de presencia y atrapada por los automatismos adquiridos en la infancia y sin reflexión que dominan su existencia a todos niveles.

Suelen ser ruidosos y molestos porque todavía no han descubierto que no viven solos en el mundo, que hay que pensar en los demás en todo momento y lugar. Son mediocres, adoran la mediocridad y se defienden entre ellos cuando alguien destaca sobre la masa, atacándolo y acusándolo de sus propios errores.

Se trata de gente que pasa por el mundo dormida, y aunque se cree protagonista de su vida no saben ocuparse de sí mismos en un sentido serio, por tanto la gente ordinaria es muy fácilmente manipulable: son los votos que aúpan los partidos políticos populistas, de derechas y codiciosos, y luego sufren la consecuencias nefastas de haber votado estos partidos (no olvidemos que A. Hitler consiguió el poder gracias a los votos de la gente mediocre, a los que luego negó seguir votando y los condujo al caos). En definitiva, la gente ordinaria desconoce lo que significa la sinceridad, la verdad, la individualidad, la espiritualidad, la belleza y la reflexión en un nivel elevado.

Para acabar, os invito a dejar de ser ordinarios, que etimológicamente significa ‘estar dentro del orden establecido’, y a esforzados por ser ‘idiotas’, que etimológicamente significa ‘alguien que se ocupa de sus propios asuntos, que tiene criterios propios para vivir’. ¡Vivan los idiotas!

Que el Creador de todos los mundos me guarde de los idiotas y mediocres, y me perdone por mi propia pretenciosidad.

J.MªF.

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El campo de la vida y la consciencia después de la muerte

Entrevista al Dr. Josep Mª Fericgla

Abril 2015

 

Pregunta–Un científico norteamericano afirma que el concepto de la muerte es un mero producto de nuestra consciencia. ¿Está usted de acuerdo con este pensamiento? En todo caso, ¿cuál es su propia definición de muerte?

J.MªF.—La realidad suele ser muy simple y complejísima a la vez. Todos los organismos vivos, entre ellos los seres humanos, están conectados por una fuerza habitualmente invisible. Todas las comunidades vivas tienen esta fuerza,y ellas mismas se convierten en un organismo de orden superior. Es lo que llamamos el campo de fuerzascuyo efecto puede observarse de forma incuestionable en innumerables situaciones, por ejemplo, lo puedo constatar en cada uno de los talleres catárticos que dirijo. En este sentido, toda comunidad humana puede verse y ser tratada como un organismo, y no hay diferencia entre quienes están clínicamente vivos y lo que están ‘muertos’, entre quienes están aquí y los que están allí. Desde mi punto de vista, la muerte es un cambio profundo de percepción de la realidad que tiene que ver con el campo, pero…y aquí está el tema más serio de todas las religiones, para seguir viviendoen algún sentido tras el cambio de percepción, el organismo debe haberse preparado previamente para ello, sea individual o colectivamente.

Tras la muerte, hay un incremento de la sensibilidad del sujeto y de la percepción de la totalidad del organismo, y este aumento de la sensibilidad puede transformar tanto a los individuos como al organismo. Y la transformación puede ser constructiva o destructiva, según si el individuo se ha preparado para ello o no.

Científicos como R. Sheldrakehan demostrado que, en cierto nivel, los pensamientos se transmiten directamente, sin vocalizarlos, desde individuos o grupos a otros grupos o a toda la raza, incluso entre razas diferentes como es el caso de transmisión de pensamientos entre perros y sus dueños. Afirmarlo no es algo nuevo, antiguas tradiciones mistéricas ya aseguraban que existe la transmisión directa de pensamientos, y algunos pueblos, como los indígenas australianos, la han usado como vía de comunicación habitual. El efecto de esta transmisión puede ser mucho más efectivo que la transmisión oral ya que a menudo no se perciben estos pensamientos mediante las percepciones ordinarias. En este sentido, existen capacidades humanas que si se practican pueden actuar de manera constructiva o destructiva, sin tener contacto alguno con las llamadasfunciones mentales corrientes. Esta categoría de pensamientos es la que produce los resultados más espectaculares, es el pensamiento humano que se transmite a través de todo el organismo social. Así pues, la muerte es un cambio profundo en la forma de percibir la existencia, cambio que puede ser constructivo si el sujeto está preparado para ello, o destructivo en caso contrario.

P.—Estadísticamente se sabe que en el mundo cada vez hay más muertes por enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares¿Qué nos están diciendo estos datos?

R.—Cada sociedad humana vive y muere de acuerdo al patrón cultural que tiene y que reproduce. Nuestro actual sistema cultural o modo de vida, sigue un patrónconsumista que implica una forma de pasar por el mundo muy similar a la de los psicópatas. Yendo siempre más, siempre en expansión, sin un respiro reflexivo ni un movimiento de contracción que permita el resurgimiento existencial. Esta forma de vivir es idéntica a la que siguen los heroinómanos y cocainómanos,consumir siempre más, siempre más hasta la muerte. A partir de este estilo de vida patogénico, surgen trastornos como los que mencionas, consecuencia del colapso al que llega alguna de nuestras dimensiones más sagradas. El corazón no es sólo un músculo retorcido que impulsa la sangre, sino que el corazón es un centro de toma de decisiones. Es el corazón quien debe dirigir la vida de la persona y de la comunidad, no el cerebro craneal.La mente racional es un esclavo que ha de servir para encontrar el cómo, no el qué ni el para qué de la vida, esto depende del corazón. El problema, como decía A. Einstein, es que hemos puesto el esclavo en el lugar del soberano. Donde tenemos el corazón tenemos nuestro tesoro, y lo hemos olvidado. Solo escuchamos las órdenes dela mente racional hasta que el corazón colapsa, y con el corazón se apaga la persona completa si es que no ha colapsado antes el sistema encefálico por la presión y la tensión que soporta el sujeto, más la mala alimentación y la agitación que, cada vez más, rige la existencia de la mayoría de la gente. En Japón y Corea del sur está tipificada la muerte por caroshi, por ‘exceso de trabajo’. Solo en Japón el caroshimata unas diez mil personas al año, y sólo se considera caroshi si la muerte del individuo se da por colapso cardíaco o derrame cerebral, no por accidente aunque sea a raíz del cansancio extremo de tanto trabajar.

No hay como seguir mucho más tiempo así. Hay que recuperar la paz interior, el hacer las cosas con calma y con ganas de hacerlas bien, el vivir con entusiasmo y amando lo que uno es y hace, no lo que uno posee, nise puede seguir viviendo con prisasbajo una presión externa descomunal.

P.—¿Hay algo de cierto en cuanto a que morimos según hemos vivido?

R.—Totalmente cierto. La muerte es el paso final del proceso que llamamos vivir, y no hay diferencia cualitativa entre el proceso y el final. He acompañado a personas valientes en el trance de morir, y suelen marcharse con presencia y valentía, conscientes, algo de ellas está por encima de enfermedades terminales. He acompañadoa personas cobardes, personas que se han engañado toda su vida, personas avaras y también personas generosas, y cada una ha muerto tal y como ha vivido.

Que la muerte sea el último paso del proceso que llamamos vida no significa que luego no continúe. Cuando alguien se marcha de tu casa tras una velada entrañable, no se volatiza, simplemente desaparece de tu casa y sigue existiendo en otra forma y lugar. Antes estaba sentado confortablemente en tu salón, abrigado y charlando animosamente. Tras cerrar la puerta de tu casa y marcharse,tal vez camine por una calle oscura, soportando la lluvia y en silencio. Algo ha cambiado, naturalmente, pero no por eso tu invitado ha dejado de existir. Por esto, dado que no hay ninguna prueba incontestable de que todo el mundo desaparezca al morir el cuerpo, ni tampoco de lo contrario, lo objetivo es que les denominemos ‘los ausentes’, las personas que se han marchado, sin queesto suponga nada más sobre su destino. Están ausentes, sin más.

P.—Entre el 70 y el 80% de los pacientes en estado llamado “terminal” esperan a estar solos en la habitación para morirse, según un estudio que se publica en estos días. ¿Puedes decirnos algo sobre esto?

R.—A medida que una persona se acerca a la muerte su consciencia se expande. En las últimas horas de vida, la consciencia no se debilita ni se oscurece, sino que se acrecienta, al contrario de lo que cree mucha gente. La naturaleza nos regala unas horas de extrema lucidez antes de marcharnos. Una vez vi una pintada en las calles de una ciudad norteamericana que decía: ‘La muerte es el mejor pelotazo de todos, por eso nos lo dejan para el final’. No es una mala manera de expresarlo. Un tema diferente es que cada persona, en concreto, quiera y sepa aprovechar esta expansión de la consciencia o prefiera encerrarse en sus miedos y no ver. Por ello, cuando se acompaña un terminal hay que hacerlo con toda la calidad humana y compasión de que sea capaz el acompañante porque el moribundo lo capta, incluso aunque parezca estar ausente. Una persona que esté muriendo en su casa, por ejemplo, sabe perfectamente todo lo que está sucediendo en la casa. De ahí que, dada la incomparable importancia del último suspiro, la mayoría de las personas prefieran, como se suele decir, pasarlo solas que mal acompañadas, y esperan a morir cuando no está presente nadie que les incomode. La mayor parte de personas que participan en el taller vivencial que dirijo desde hace unos veinte años y por el que han pasado más de seis mil personas, Despertar a la vida a través de la muerte, descubren con asombro y con un enorme gozo el estado expandidode la consciencia que se da al acercarnos a la muerte, es un estado transpersonal, lleno de comprensión,de claridad y de amor hacia uno mismo y hacia los demás.

P.—Nacemos llenos de simplicidady con el paso del tiempo, a través de nuestra vida social, a menudo terminamosinmersos en complejidades. ¿En qué momento habría que evitar la suma de problemas innecesarios?

R.—La respuesta a esta pregunta es la respuesta del millón de euros. En todo momento hay que tratar de evitar problemas innecesarios, pero siendo realistas es algo que parece imposible para los humanos. Forma parte de la naturaleza humana el hecho de mentir, olvidar y prometer cosas que el sujeto no puede cumplir, y estas formas de conducta nos impelen a perder lo que podríamos llamar nuestro lugar en le mundo. En el momento en que una persona deja de ocupar su lugar en el mundo, comienza a complicarse la existencia.

P.—¿En qué modo podemos vivenciar que todos somos uno, en lo transpersonal, más allá de cualquier conclusión de tipo mental?

R.—Lo que hoy se denomina ‘experiencia transpersonal’ es la experiencia subjetiva, clara, intensa y no delirante de formar parte de algo real aunque invisible, algo que es mucho más grande que el propio sujeto y que lo incluye, y a la vez da sentido a su existencia. A veces se denomina Dios, a veces consciencia Búdica, a veces Allah, a veces la fuerza primigenia de la Naturaleza, a veces la experiencia del Ser. ¿Cómo tener esta experiencia? Hay innumerables vías. Desde el consumo ritualizado de substancias psicoactivas visionarias como la ayahuasca, substancias usadas desde hace milenios para tener la experiencia de la divinidad, hasta las prácticas extáticas de origen chamánico o místico, pasando por técnicas de respiración como la respiración sufí, la yóguica o la respiración holorénica. A margen de la vía que una persona o una sociedad escoja en su búsqueda de la experiencia transpersonal, hay que tener valentía para ello, hay que tener una intención limpia. Ni es una experiencia para jugar ni para personas satisfechas de su vida corriente.

P.—Como fruto de su experiencia, ¿qué mitos y verdades puede señalar acerca de la ayahuasca?

R.—Se ha escrito y se sigue escribiendo mucho acerca de la ayahuasca, algo sorprendente dado que hace ya dos décadas que empezó a consumirse en Occidente proveniente de la Amazonía. Personalmente, creo que está llenando un vacío que las religiones occidentales, empezando por el cristianismo, han dejado durante siglos. Muchas personas tienen una necesidad vital de encontrar el sentido a su existencia, de conectar interiormente con algo que está más allá de la vida psicológica individual, y aunque nunca hayan tenido la experiencia del Ser, como solemos denominarlo, algo dentro de ellas las impele a buscar una respuesta, una certitud, algo permanente y no material. La ayahuasca, tomada con conocimiento, es una herramienta preciosa y muy precisa para tener la experiencia de la Vida, en mayúscula, dentro del sujeto. En la actualidad, hay el peligro de los Quijotes de turno que se hacen pasar por chamanes o por entendidos sin serlo ni de lejos, seguidos por un alud de Sancho Panzas crédulos que han invadido un espacio sagrado y lo han convertido en un mercadoy en una moda. De todas maneras, con la ayahuasca no hay peligro de adicción ni de trastorno psíquico grave. Máximo puede causar un ataque de ansiedad a las personas que no están preparadas para abrir las puertas de su percepción de forma creativa y hacerse cargo de lo que albergan en su interior.

P.—Consciencia versus alucinaciones, un cuestionamiento que viene del campo de la ciencia con respecto a fenómenos todavía inexplicables según qué disciplina del conocimiento formal.

R.—La diferencia es bastante imple y suele aceptarse por todos los estudiosos, a menos que tengan prejuicios ideológicos determinantes, que los hay. Las alucinaciones aíslan al sujeto de la realidad contextual que le envuelve, se sobreponen al contexto y sumergen a la persona en la realidad alucinatoria. En cambio, las visiones propias del imaginario humano no aíslan al sujeto de su contexto sino que le despiertan una diversidad de niveles en este mismo contexto. Es como si, de pronto, la realidad ordinaria, simple y sin relieve, se viera desdoblada en diversas capas superpuestas, y este imaginario humano ha sido muy estudiado por la antropología simbólica y la psicología junguiana. En este sentido, por ejemplo, una persona que esté bajo los efectos de la ayahuasca no pierde el contacto con el contexto ni deja de saber en todo momento dónde está y qué hace.

P.—¿El cerebro es independiente de la conciencia?

R.—Personal de enfermería, sobre todo, cuenta que en el momento de la gran transición, de la vida a la muerte, todo es paz, como en el que se experimenta en una profunda meditación. Es un instante maravilloso, trascendente, luminoso, beatífico, espiritual y muy, muy amoroso. Es indescriptible. La muerte nunca va acompañada de dolor ni de agitación, esto, si lo hay, es previo. Y la sensación de trascendencia que acompaña el momento final tanto la experimentan los creyentes como los agnósticos o ateos. No es una cuestión de creencias ni de ideologías.No. Dejar el cuerpo atrás, y todo lo que va ligado al cuerpo, es una experiencia inmensa y, como toda experiencia profunda, es muy difícil de transcribir en palabras. ¿Cómo explicar qué siente una persona enamorada cuando está junto a su amor, a alguien que nunca se ha enamorado? Es posible intentarlo pero será siempre una aproximación, solo esto.

P.—El Proyecto Inmortality, vinculado a la Nasa, anticipa que el progreso tecnológico permitirá acabar con el envejecimiento. ¿Tiene algún sentido tratar de llegar a ser inmortales?Comparta los alcances de su trabajo a través de la Fundación que ha creado y desarrolla.

R.—Desde hace más de veinte años que dedico mi tiempo a investigar la mente humana y a dirigir experiencias extáticas o transpersonales en el sentido de lo que hoy denominamos cultivo del mundo interno. En el año 1997, y tras un largo periplo académico, dejé mi plaza de profesor universitario. Trabajar de profesor universitario me era cómodo pero muerto. En España, y hablando en términos generales, la universidad es como un lago donde pescar peces muertos, y yo opté por la vida. Entonces creé la Societatd’Etnopsicologia Aplicada i EstudisCognitius, que llegó a tener 130 miembros. En 2011, junto a un grupo de colaboradores, fuimos más allá y creamos la fundación que lleva mi nombre. Esta entidad tiene por objetivo promover y difundir investigaciones sobre la consciencia, especialmente sobre los estados expandidos de la consciencia, o estados modificados de consciencia como se los denominaba antes. También organiza eventos, cursos y talleres que permiten a las personas que lo necesitan o que lo desean tener una experiencia de consciencia expandida en un contexto seguro, sea con objetivos terapéuticos, evolutivos o espirituales. Así mismo, organizamos cursos de formación y también es objetivo de la Fundación gestionar el campus Can Benet Vives. Creo que es el único lugar en Europa dedicadoexclusivamente estos temas. Al año, y a pesar de la crisis pasan más de 3.000 personas. El mismo estilo de vida que se mantiene en el campus por parte de los residentes, implica una forma vanguardista de organización laboral y de vida diaria semicomunitaria. Este hecho atrae a muchas personas a pasar una temporada residiendo y colaborando con el campus en calidad de voluntarios. Vienen desde escritores hasta empresarios, jubilados, estudiantes, músicos, profesionales y, en general, personas hartas de la mediocridad dominante que buscan aprender a ser personas entre personas. Actualmente, en el campus residen personas de varios países y de todas las autonomías españolas. Os invito a colaborar en este hermoso proyecto donde se respira un ambiente respetuoso, amoroso y vanguardista a la vez.

Estados expandidos de consciencia, un aprendizaje para el después

Video de la conferencia “Estados expandidos de consciencia, un aprendizaje para ‘el después'”, por Josep María Fericgla, que tuvo lugar durante el VIII Congreso Vida después de la Vida, los días 24 y 25 de Octubre 2015 en Albacete, ante 800 personas.
Disfrutadla!

Los estados expandidos de consciencia permiten al ser humano establecer contacto directo con su parte espiritual, descubriendo ante sí un potencial que viene siendo utilizado por numerosas culturas y pueblos desde tiempo inmemorial a través de sus chamanes, brujos o guías espirituales. Cuando uno tiene la oportunidad de experimentar a través de técnicas de respiración, meditación, ingesta de plantas sagradas…se puede alcanzar ese conocimiento que nos muestra la verdadera naturaleza del ser humano, su esencia espiritual. Entonces la vida y la muerte adquieren una nueva dimensión.

El nuevo ‘día del euro’, antes llamado ‘día de Navidad’

La mayoría de nuestros antepasados solían hacer muchas cosas —especialmente las celebraciones— empujados por un sentido profundo de la vida. Vivían muy cerca de la Tierra y de la Naturaleza, sentían que en la Tierra está el origen de nuestra vida y nos nutre, y que de la Naturaleza emana el sentido de la existencia. Así, nuestros ancestros conocían la escurridiza realidad a partir de su propia experiencia y vivencias, no desde teorías estériles, filosofías vacías o frases cortas a través de pantallitas que hoy son una plaga. No necesitaban semejantes artificios para explicarse la vida ni para reconocer el foco que guiaba su caminar.

Una de las celebraciones más antiguas en nuestra región del Mediterráneo, es lo que se conocía como “los doce días del Cuerno de Oro”, o “doce días de la Abundancia”. Se trata de los doce días que van del 24 de diciembre al 6 de enero. Antiguamente —hasta hace un siglo o incluso menos— durante esos días nadie trabajaba, la vida cotidiana se detenía y el tiempo quedaba en suspenso. Eran días de familia, fraternidad, rezos, regalos, agradecimiento, espiritualidad y abundancia.
Alguien puede preguntarse: “¿De dónde salió esa larga celebración de doce días? ¿Tiene alguna relación con el consumismo desenfrenado de hoy que, curiosamente, también se da en los días cercanos al solsticio de invierno?”. Pues sí, se trata de una pulsión cultural y psicológica que llevamos impresa en nuestro inconsciente desde hace milenios. Hoy hacemos algo parecido a lo que hacían nuestros ancestros durante los doce días del Cuerno de Oro, pero de forma intrascendente, compulsiva y absurda.
Como suelo hacer, empecemos por descubrir el sentido y origen del lenguaje que usamos. La expresión Cuerno de la Abundancia proviene de Cornucopia, del latín ‘cornu’, cuerno, y ‘copiae’, abundancia: ‘cornu copiae’. En nuestro mundo clásico, desde el siglo V a.C., el cuerno era símbolo de abundancia y de prosperidad. ¿De dónde surgió este hermoso símbolo de abundancia, tan distinto al ‘ponerle los cuernos a alguien’? La tradición nació de una nodriza, una cabra mitológica y el gran dios griego.
Amaltea —que en griego significaba ‘ternura’— era una ninfa que fue la nodriza del dios Zeus. A veces, esta ninfa aparecía en forma humana, a veces en forma de cabra que alimentaba a Zeus-niño con miel y leche (de cabra, claro). Explica el mito que un día la cabra rompió uno de sus cuernos, Amaltea lo llenó de frutos y flores y se lo llevó a Zeus. El padre de los dios se puso tan contento que ascendió al cielo con la cabra y el cuerno roto, convirtiendo al animal en el primer unicornio y creando la constelación de Capricornio.
Otras versiones del mito afirman que el dios-niño, un tanto impetuoso como tantos niños humanos, estaba un día jugando con sus tremendos rayos y —naturalmente, sin querer— rompió uno de los cuernos de la cabra-nodriza Amaltea que se enfadó de valiente. Para calmarla, Zeus le otorgó un poder especial: concedería todo lo que deseara a quien poseyera el cuerno. Sea de una versión o de otra, es de ahí de donde surgió la leyenda del Cuerno de Oro.
¿Ha cambiado algo desde aquel lejano tiempo hasta el actual ‘Día del Euro’ antes llamado ‘Día de Navidad’? Sí y no.
La mitología de cada pueblo indica el camino a seguir —‘mito’ significaba ‘modelo a seguir’— y era, y es, una representación del inconsciente colectivo. En este sentido, el solsticio de invierno —día 21 de diciembre— marca la entrada al invierno y un tiempo en el que desde hace miles de años los campesinos han recogido y almacenado la cosecha, y se han preparado para pasar la oscura y fría estación, encerrados en casa con los suyos.
El invierno es la época en la que los seres humanos somos convocados por la madre Naturaleza para agruparnos, protegernos mutuamente, para darnos calor y amor, y para compartir los sabrosos alimentos que se han cosechado y guardado.
Podríamos decir que tanto psicológica como culturalmente, y aunque no lo percibamos a nivel consciente, somos empujados desde la oscuridad de nuestro interior a comportarnos de manera festiva con los nuestros, consumiendo los alimentos almacenados y celebrando el encuentro.
Al margen de creencias religiosas que siempre se aúnan a las grandes fuerzas que marcan la condición humana, la celebración del solsticio de invierno se pierde en la noche de los tiempos siendo muy anterior al cristianismo. El ritmo solar rige el eterno ciclo anual que da la vida y el palpitar en la Tierra, y nuestros sensatos ancestros adoraban el Sol, fuerza real y palpable sin la cual sería imposible vivir en este planeta.
Por encima de creencias, religiones, filosofías y políticas coyunturales somos miembros de una especie viva llamada ‘humanidad’, y esta especie es movida por fuerzas inconscientes cuyo objetivo parece ser que es mantener la vida de los pobres individuos que la forman, canalizando positivamente su existencia. La prosperidad a la que aspiramos como especie, no se basa en acumular bienes absurdos, sino en mejorar y evolucionar como individuos vivos.
Hay patrones que se repiten y afectan a la humanidad, como es el caso que nos ocupa de la prosperidad y la abundancia en estas fechas, pero los humanos podemos desviar la pulsión hasta convertirla en una serie de conductas enfermizas —que aprovechan psicólogos y psiquiatras para su particular prosperidad.
Nuestros antepasados parecían tener muy claro el significado de ‘prosperidad’ y de ‘abundancia’ ya que en el Cuerno de Oro solo aparecen vegetales. Uno puede pensar que es el único alimento que interesa a las cabra, pero no: el simbolismo profundo del que habla el mito es que el Reino Vegetal sostiene la vida, y que allá donde abunda, florece el ser humano. La prosperidad va íntimamente ligada a la vida, no tiene sentido sin ella, y en nuestra psique va ligada a la abundancia de vegetales comestibles, combustibles y transformables.
La verdadera abundancia tiene que ver con la salud física y mental, con sentir satisfechas las necesidades para mantener una vida confortable, tiene que ver con el amor y con compartir sin compulsiones, tiene que ver con vivir teniendo un sentido para ello. Así, parece claro que la visión clásica tiene poco que ver con el consumismo desenfrenado y absurdo que se nos vende como ‘objetivo de la vida’, especialmente en estas fechas de Navidad, Reyes, Papa Noël y Reyes Magos, seguido por las rebajas de enero y ahora por la última y más estúpida importación consumista, el Black Friday.
Si habéis llegado hasta aquí, os deseo una Felices Fiestas y, palabra de honor, pido a Zeus que sea bondadoso y generoso con cada uno de vosotros y con los vuestros.

Desde el rinconcito de mundo donde habitualmente escribo, TE DESEO UNAS FELICES FIESTAS DE NAVIDAD, SENCILLAS, AMOROSAS Y TIERNAS, COMPARTIDAS CON AQUELLOS A LOS QUE AMES, LOS TUYOS.
BON NADAL i FELIÇ ANY 2016!
Gracias a todos por estar ahí.

J.Mª Fericgla