¿Qué significa ser ordinario y vulgar?

Amigos y amigas, tengo paciencia y tolerancia para muchísimas situaciones y personas, en especial con los niños, pero cada día aguanto menos la infinita estupidez humana y la gente ordinaria y vulgar, por usar términos educados, y, cada día más, la mayor parte del mundo respira la misma atmósfera que en una piscina municipal con pretensiones.

Como a menudo me quejo de ello porque la estupidez y la vulgaridad parecen ganar terreno día a día, hace poco una amiga me pidió que definiera ‘ordinario’ y ‘vulgar’ según mis términos de referencia, no según lo que dice el diccionario. Tras reflexionar sobre la conveniencia de tal definición, la comparto por si os puede ser útil o simplemente interesante para pensar.

Lo que denomino ‘gente vulgar y ordinaria’ se trata de gente dominada por los instintos bajos (lujuria, avaricia, miedo, sexo, envidia, egocentrismo, pretenciosidad…) sin llegar a los niveles que socialmente se consideran patológicos, aunque personalmente los considero enfermos regresivos porque no usan ni un mínimo aceptable las capacidades psíquicas que la Naturaleza nos ha dado como ‘seres humanos’.

En primer lugar, es gente que desconoce la contención por propia decisión, reflexionada y consciente, no por miedo al garrotazo  —si hacen lo que les han prohibido— o por anhelo de la zanahoria —si se portan bien.

Es gente que nunca parece haber tenido en su corazón la experiencia de la belleza, del amor no-instintivo ni de la armonía (o lo ha olvidado trágicamente); por tanto, ni tan solo saben que se puede tener una ‘mirada estética, amorosa y objetiva’ sobre el mundo. Su subjetividad es todo ‘su mundo’ al que confunden con ‘el mundo’.

Usan un léxico muy pobre y repetitivo, no creo que pase de 800 palabras en total, y con ello expresan toda su vida de tan poco contenido. Hay algo de ‘sucio’ y ‘poco cuidado’ en su forma de actuar, referido a varios niveles y sentidos. Se trata de ‘masa sin individualizar’, falta de presencia y atrapada por los automatismos adquiridos en la infancia y sin reflexión que dominan su existencia a todos niveles.

Suelen ser ruidosos y molestos porque todavía no han descubierto que no viven solos en el mundo, que hay que pensar en los demás en todo momento y lugar. Son mediocres, adoran la mediocridad y se defienden entre ellos cuando alguien destaca sobre la masa, atacándolo y acusándolo de sus propios errores.

Se trata de gente que pasa por el mundo dormida, y aunque se cree protagonista de su vida no saben ocuparse de sí mismos en un sentido serio, por tanto la gente ordinaria es muy fácilmente manipulable: son los votos que aúpan los partidos políticos populistas, de derechas y codiciosos, y luego sufren la consecuencias nefastas de haber votado estos partidos (no olvidemos que A. Hitler consiguió el poder gracias a los votos de la gente mediocre, a los que luego negó seguir votando y los condujo al caos). En definitiva, la gente ordinaria desconoce lo que significa la sinceridad, la verdad, la individualidad, la espiritualidad, la belleza y la reflexión en un nivel elevado.

Para acabar, os invito a dejar de ser ordinarios, que etimológicamente significa ‘estar dentro del orden establecido’, y a esforzados por ser ‘idiotas’, que etimológicamente significa ‘alguien que se ocupa de sus propios asuntos, que tiene criterios propios para vivir’. ¡Vivan los idiotas!

Que el Creador de todos los mundos me guarde de los idiotas y mediocres, y me perdone por mi propia pretenciosidad.

J.MªF.

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