Calma y ancianidad a un tiro de piedra de San Francisco (2ª entrega desde Ecuador)

Hace dos días que estamos en Quito y me sorprende el mal ambiente social que descubro. Hay un nivel de crispación y de miedo que me resulta desconocido aquí. Ecuador es —bueno, era y espero que lo sea de nuevo— uno país con mucha tolerancia y armonía entre los numerosos grupos humanos que conviven en su territorio.

En mi poco fiable opinión, Ecuador es el segundo país del mundo en lo que respecta a belleza y riqueza natural y humana. Hay picos y volcanes andinos impresionantes a más de 6.000 m. de altura, la mitad del territorio es selva tropical amazónica, al norte tiene costa en el océano Pacífico, las famosas islas Galápagos le pertenecen, y está geográficamente en el centro del mundo, de ahí que al dividirse la Gran Colombia, lo bautizaron como ‘ecuador’. Desde el punto de vista humano y etnográfico, no es menor el interés que tiene este pequeño país latinoamericano habitado por poco más de quince millones de habitantes divididos en mestizos, negros, diversos grupos de quichuas andinos y numerosas etnias amazónicas, en un total de 14 zonas culturales.

A pesar de esta armoniosa convivencia que ha llevado a numerosos visitantes a decir que Ecuador ‘tiene un ángel que lo cuida’, la política actual de insultos y amenazas ha conseguido generar malestar y miedo en la población, enfrentando clases sociales que antes no lo estaban. Las calles y carreteras se han llenado de policías hasta el absurdo.

Me viene a la mente que cada policía que está parado en la calle con actitud y armas amenazantes es un muchacho en su edad de más fuerza, en la edad de producir a tope para levantar el país. En cambio, haciendo de policía es un sujeto improductivo que vive a costa de los que generan algún bien real —a los que controla para que entreguen una parte de lo que producen al Estado ¿Cómo se ha llegado a esta situación aquí? Os recomiendo leer la autobiografía de Robert S. Hartman titulada Libertad de Vivir (ed. Liebre de Marzo, 2015, Barcelona), es un texto de excepcional lucidez y simplicidad explicativa en lo que a los motivos reales que han conducido al mundo hasta donde lo encontramos hoy.

Un hecho que me encanta de Ecuador es que en las últimas dos décadas ha cambiado de presidente de gobierno varias veces. ¿Motivo? El presidente lo hacía tan mal que el propio pueblo, especialmente los indígenas, se organizaban y caminaban desde todo el país hacia el palacio de gobierno para expulsar al mandatario. A medida que se acercaban a Quito, la capital, el presidente de turno mandaba a los soldados y a la policía contra el pueblo, como suele pasar, pero… resulta que los policías y soldados eran indígenas, y cuando recibían la orden de golpear o incluso disparar sobre sus propios y literales hermanos, primos, tíos, sobrinos, amigos de la infancia, con toda la calma del centro del mundo se daban media vuelta, caminaban hacia el palacio del infausto presidente y le pedían: “Señor, mejor márchese del país, ya ha robado bastante. Le damos 24 horas para que se vaya. Y usted, señor vicepresidente, haga el favor de organizar un nuevo gabinete hasta que haya elecciones”. De esta manera tan sencilla y hermosa —obviamente he simplificado— han cambiado de presidente varias veces, sin derramar una gota de sangre. ¿Qué ha cambiado? El gobierno actual ha generado miedo y humillación. Una sociedad amedrentada es fácil de gobernar. Mucho mejor harían los gobiernos, si pensaran en mejorar la sociedad, invirtiendo en educación lo que invierten en policía.

Con mi amiga C.S. hablamos de esta situación en su hermosa y luminosa casa de C., cerca de Quito, pero no parece interesarle excesivamente. Ella ha evolucionado en otro sentido. Está acercándose a la vejez sin ser aún una anciana —de una dama nunca se dice la edad, así que puede tener entre 50 y 59 años. Está entrando en este periodo de la vida que es la parte difícil de transitar, y lo nota, se asusta de los cambios que está sintiendo, se siente confusa. Hablamos con sinceridad y cierta calma mientras desayunamos a las 7 de la mañana, hora habitual aquí, ella, mi esposa y yo. Me llena de ternura escucharla, es un cambio que conozco bien por haberlo transitado hace poco, es un estado en el que aún estoy aprendiendo a navegar.

No hay muchos referentes para usar de modelo de cara a aprender una buena vejez. En nuestras latitudes, la vejez se esconde como una mala enfermedad —ya sabéis: antiarrugas, tintes para las canas, forzada actitud juvenil y moda juvenil con ‘tallas grandes’— y los viejos, en términos generales, no parecen viejos. Más parecen esperpentos fuera de lugar con mirada vacía. En cambio, los ancianos que veo en Ecuador, sean indígenas o mestizos, se puede decir que son totalmente ancianos, no disimulan su vejez, tienen las arrugas naturales en la piel a partir de cierta edad, se comportan con una dignidad casi desconocida en nuestras sociedades occidentales, pero ríen hasta desternillarse y bromean de sus propios achaques. Son íntegros y viven completamente su vida, parece como si siempre hubieran sido ancianos. Son personas orgullosas de sí mismas y de haber alcanzado una edad respetable, saben asimilar los cambios que conlleva la madurez y tienen mucho que contar y enseñar a los jóvenes, y éstos las respetan,.

La vida humana se divide en tres grandes períodos. El primer tercio es el del desarrollo, el crecimiento y enraizamiento en unos valores culturales, el de crear la propia identidad e individualidad. El segundo tercio es el de la expansión de la persona, crear familia, ganar terreno en lo profesional y en todos sentidos. Y el último tercio es el de la integración de lo aprendido, el de limar los opuestos que han generado los conflictos del periodo anterior, el tercio de la paz, la espiritualidad y el servicio a los demás. Parece que en Occidente nos hemos quedado atascados en el segundo periodo y la gente, con alguna excepción, no sabe cómo pasar a la tercera parte, se asusta con los cambios internos y físicos que se despiertan, no sabe encajar la crisis de media vida —la llamada ‘crisis de los 40’— y menos aún sabe hacer suyos los cambios de la siguiente crisis, las de los 60. Por ello estoy trabajando en un seminario práctico que empezaré a impartir el próximo octubre —si los dioses del Olimpo no se oponen, para enseñar a envejecer bien. Un seminario exclusivo para personas de más de 45 años. Lo he denominado ‘Viático’ en referencia al origen del término: el viático es el estipendio en forma de dinero, bienes e información que se da a los diplomáticos cuando cambian de embajada para que lleguen bien al siguiente destino. Si os interesa ya está anunciado en la web de la fundación (www.josepmfericgla.org).

Mi amiga C.S. nota, en sí misma, los cambios de percepción, de sentimientos, de intereses, de respuestas corporales y todo lo demás que implica la entrada a la parte difícil de la vida. Mientras tomamos el aromático cafecito —aquí lo llaman ‘tinto’— matutino, hablamos de cómo el mundo externo pierde interés, de cómo los objetivos que nos han guiado hasta el momento y por los que hemos luchado se disuelven a marchas forzadas y si uno no tiene un mundo interno sólido, con una espiritualidad firme y experimentada —que no es lo mismo que religiosidad—   puede deprimirse y sentirse perdido llevando una vida mecánica y vacía.

En este momento del paso por la tierra es cuando uno empieza a comprender profundamente la verdad que repiten todas las grandes religiones, sea de una forma viva y cercana —como el budismo y el sufismo—, sea de una forma acartonada y muerta —como el catolicismo y el protestantismo. ¿Qué verdad universal? Que la vida externa es una mera obra de teatro, algo superficial como Mátrix, y ¡pobre el que lo tome como verdad y realidad últimas y dedique toda su existencia a este melodrama insubstancial que es el mundo externo!

Al ir entrando en la vejez, si uno está despierto y vivo, se da clara cuenta de que los personajes que encarna y los papeles que interpretan estos personajes se disuelven en las manos como mantequilla en el calor, que sólo momentáneamente habían tenido apariencia de consistencia.

Con C. S. hablamos de todo esto, compartimos nuestras sensaciones mientras se le escapa una lágrima de comprensión. Digo de comprensión porque los cambios que conllevan la vejez no tienen nada de tétrico, sólo hay que aprender a moverse en esta nueva dimensión de la realidad y sólo aprende el que es capaz de morir al rol que ha jugado durante su vida anterior. Como dijo el patriarca de la moderna psicología profunda, C.G. Jung: “Desde la mitad de la vida hacia delante, sólo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida”, y en cuanto a mi tarea de psicoterapeuta, podría decir que no tengo un solo paciente de más de 45 años cuyo problema no sea el de encontrar un sentido espiritual a su vida. Como se dice en sufismo, el secreto consiste en aprender a ‘estar en el mundo sin ser del mundo’.

Tras el delicioso desayuno en C., con mi esposa vamos hasta Quito, a 30 min. en coche, a dar un paseo. Es la primera vez que ella visita Ecuador y me encanta hacerle de cicerone. Vamos directos a la basílica de San Francisco   —Pl. de San Francisco, en el casco histórico; justo debajo de la basílica, en lo que antes llamaban ‘covachas’, está la tienda Tianguez, de artesanías de calidad, propiedad de la Fundación Sinchi Sacha que creó mi amiga C.S. y que gestiona con su esposo J.M., y de la que soy vicepresidente casi desde su fundación en 1992 por lo que me siento como feliz un niño en su casa—, decía que hay que entrar en la basílica de San Francisco y percibir la energía cálida e intensa que tiene este templo, a diferencia de la catedral de Quito donde no se percibe una atmósfera más espiritual que en una parada de buses. Este año he descubierto algo asombroso en la iglesia de San Francisco.

En las paredes de la basílica, en lugares altos y poco visibles, hay varias representaciones del Yinn, he visto 3. Es increíble, aunque hubiera tenido que pensarlo. El Yinn es un personaje mágico de la tradición sufí que proviene de la mitología de Mesopotamia. Los sufíes dicen que a veces aparece cuando una persona que es íntegra y trabaja para su desarrollo espiritual está pasando por un momento de dolor y dificultad. Aparece el Yinn para ayudarla. Se le representa en ciertos lugares sagrados y especiales por su carga energética, con la cara o la cabeza de un hombre envuelto el hojas verdes, y es la evidencia de que el templo donde aparece la representación del Yinn fue construido o auspiciado por la Gran Tradición. Sólo un comentario: la Gran Tradición es una cadena de conocimiento sagrado y esotérico, o forma de espiritualidad práctica para mantener el contacto vivo con lo Trascendente y con el amor hacia Dios, que nació en Mesopotamia y que sigue viva en todo el mundo. Desde hace unos siglos parece que los sufíes son los principales depositarios —no los únicos— de esta cadena de Conocimiento. Por otro lado y todo encaja, San Francisco de Asís, a quien está dedicada la basílica de Quito, fue un santo cristiano que practicó el sufismo, al igual que Santa Clara, de ahí sus poderes y el amor impersonal que atraía a los animales salvajes hacia él sin causarle el menor daño. Por otro lado, la basílica de San Francisco fue construida sobre un antiguo templo precolombino, etcétera. Total, no dejéis de visitar este lugar ‘caliente’ si estáis en Quito.

Caminando por las empinadas calles del Quito histórico me ahogo. Quito está a 2.900 metros de altitud y las personas que vivimos cerca del mar notamos la falta de oxígeno. Se me despierta una jaqueca intensa y se hincha mi cara, me pesan las piernas, me mareo y canso con mucha facilidad.

Nos paramos a descansar de vez en cuando y seguimos visitando los puntos que tanto me recuerdan tiempos pasados en que he recorrido estas calles durante semanas. Llamo al Vicerrector de la Univ. Politécnica Salesiana, colega antropólogo y amigo de hace años; llamo a R.M., profesor de la Univ. Andina Internacional, para empezar a hilar un máster sobre estados expandidos de consciencia que me gustaría impartir en este país, donde la ayahuasca es legal y tradicional y los estados de consciencia expandida forman parte de la experiencia milenaria de sus indígenas originarios.

Así pasamos el segundo día en Quito, sin dejar de catar las humitas con queso, un plato tradicional a base de harina de maíz cocinada dentro de una hoja de la misma planta envuelta como un gran canalón vegetal, los tamales y los inigualables jugos de frutas que hacen al momento en cualquier chiringuito.

 

 

 

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El transporte en avión (1ª entrega)

¿Quieres acompañarme en el viaje por Ecuador que estoy realizando estos días? Voy a ir colgando entregas comentándolo. Que lo disfrutes.


 

El gran escritor, compositor y viajero norteamericano Paul Bowles murió en la fea y casi inhóspita ciudad marroquí de Tánger poco antes del cambio de milenio. Creo que dejó este mundo a finales del 1999. Para ubicarlo, simplemente una de sus obras más conocidas, El cielo protector, novela que tuvo un gran éxito al ser pasada a cine por la mano del genial Bernardo Bertolucci.
No recuerdo si fue en esta obra —tiene una parte autobiográfica— o propiamente en su autobiografía —titulada Memorias de un nómada— donde leí algo que me dio que pensar, y que recuerdo con frecuencia. Resulta que P. Bowles fue un viajero empedernido, devoto y amante de lugares paradisíacos en los que vivió temporadas cortas y largas. De nuevo menciono de memoria, vivió en México —un país que le fascinaba—, Alemania, Costa Rica, Bali y Marruecos. Como viajero, podía llevar con él baúles de material y partituras, o absolutamente nada más que lo puesto para sumergirse en la aventura del verdadero viaje.
En 1947 el matrimonio Bowles se quedó a vivir definitivamente en Tánger, donde Paul murió. En cierta ocasión alguien le preguntó el motivo por el cual, un verdadero nómada como él, amante y conocedor de bellísimos rincones del globo, se había quedado a vivir en una ciudad fronteriza tan deslucida como Tánger, donde, para postre, el único entretenimiento de la época —supongo que actualmente debe ser casi lo mismo— era contar mercenarios del ejército español andado por las feas calles, y marroquíes pobres enfundados en chilabas y arrastrando sus babuchas.
P. Bowles, y este es el tema de reflexión, respondió con precisión que lo que a él le entusiasmaba “es viajar”, que cuando se dio cuenta de que en el mundo se había acabado la posibilidad de viajar, que la gente solo se transportaba, decidió quedarse donde estaba, no valía la pena moverse más y le daba igual donde fuera. Resulta que cuando descubrió que se había acabado el viajar por el mundo, y que lo que había era “solo transporte humano”, sin el menor sabor de lo que significa “viajar”, estaba en Tánger: ahí se quedaron él y su esposa Jane. Sin más. De ahí que la mayor parte de sus obras literarias, escritas a partir de aquel año 1947, estén ambientadas en un paisaje de fondo marroquí.
Ya no se puede viajar por el mundo, solo transportarse ¡Que precisa y aguda observación! No hay cinismo en este comentario, no hay acritud, no hay resentimiento. Solo una mirada cierta sobre una realidad aburrida, cada vez más automática y sin vida. Viniendo hacia Ecuador —país al que amo y que considero mi segundo país—, en esta compañía española de transporte de ganado humano que es Iberia, no pude olvidar el comentario de P. Bowles ni un solo minuto. No me permitieron olvidarlo. También me acordé de la observación de Aristóteles: los humanos nos acostumbramos a todo, solo es necesario disponer del tiempo suficiente.
En Barcelona, llegamos —mi esposa y yo— al mostrador de embarque dos horas y media antes de la salida del vuelo. No me gusta correr y de esta forma puedo escoger los asientos cuando no vuelo en Bussines Class —antes denominada con palabras más adecuadas y en castellano, Clase Preferente—, algo que casi nunca puedo permitirme. A parte de que todos los vuelos transatlánticos deben pasar por Madrid por razones políticas, aunque haya tantos pasajeros de Cataluña como del resto de España —un argumento más para querer algún día la independencia de Cataluña. Al llegar al mostrador, la azafata de tierra, después de las comprobaciones habituales, nos soltó dos tarjetas de embarque. Gracias. Las miro: mi esposa y yo tenemos asientos separados. Con amabilidad le pedí que me diera asientos laterales, en la hilera de dos, y juntos. Me miró con cara de quien mira a un paleto y con una sonrisa forzada me informó que este capricho se paga a parte: aunque el avión no está lleno son 40 euros por asiento. Me quejé. No entiendo que cuando se compra un pasaje con antelación se deba abonar un plus para escoger asiento, pero por costumbre he acabado aceptando esta explotación del viajero. No obstante, que en el mismo momento de embarcar… “Sí, señor, 40 euros por asiento si quiere escogerlo, si no la máquina decide donde se sentará”. Entonces si me salió a flote la cara de imbécil que tengo en este tipo de situaciones. “Bueno, pónganos juntos a mi esposa y a mí, y sobretodo en una hilera lateral de dos asientos, detesto tener que pasar 13 horas encajado entre dos pasajeros en las hileras de 4 ó 5 asientos. Aquí tiene los 80 euros.”
Un poco más tarde, entramos y nos topamos con tres azafatos de tierra enfundados en el sosísimo uniforme de Iberia. Hace tiempo que no me topaba con tres cretinos, prepotentes y estúpidos de tal talla. Hay gente —desgraciadamente muy numerosa— que se esconde tras un uniforme para abusar de los demás con el micro-poder momentáneo que les otorga el miserable uniforme y la función que deben desempeñar. En este caso, en lugar de estar al servicio de los demás y facilitar el acceso de los pasajeros al avión, estuvieron molestando y humillando a todo humano transportable que no les mostraba la carta de embarque y el documento de identidad exactamente tal y como ellos exigían, o que no estuvieran en la línea de acceso al avión que estos gilipollas habían decidido hacer, respetándola como si fuera una parada militar. En fin, que en lugar de ayudar y agilizar el embarque, estuvimos más rato del necesario a causa de estos pobres diablos que a diario parece que, a causa de sus problemas de personalidad, necesitan imponer su micro-poder momentáneo sobre otros.
Una vez dentro del aeroplano otra desagradable sorpresa. Al margen de la humillante estrechez de los asientos —a veces me viene ganas de pegar fuego a estos aparatos—, algunos acolchados de los respaldos estaban parcialmente rotos o sueltos.
Las azafatas de vuelo no resultaron ser mucho más amables que sus colegas de tierra. Ignoro la causa de que —imagino que debe ser para bien de la humanidad— Iberia contrata a mujeres que por término medio pasan de mediana edad y, con alguna excepción, de carácter agrio y mirada oscura. Me daban la impresión de ser un grupo de madres mari-mandonas y amargadas que están haciendo de azafatas a disgusto para ganar un suplemento que ayude a sostener la familia. Chillan preguntando, casi con tono de amenaza, lo que cada pasajero quiere comer de entre dos posibles y baratos menús, chillan para preguntar la bebida, chillan para casi todo. Tal vez es un problema de las alturas. Ignoro el motivo de que en otras compañías aéreas, en cambio, las azafatas sean chicas jóvenes —no siempre, pero…— siempre amables, calmadas, serviciales con los pasajeros y rápidas en la atención. ¿Tal complejo es encontrar personas competentes y amables en España?
Prefiero no seguir describiendo el baño del avión, con botellas viejas de gel simplemente depositadas sobre el mueblecito al lado del grifo, ni la absurda dificultad para conseguir varios vasos de agua en el ínterin de servicio marcado y servicio marcado por el protocolo —sabiendo que volar deshidrata y que el servicio de bebidas debería pasar cada hora—, o para no mencionar la falta de información del vuelo que en otra compañías está permanente en las pantallas. En fin, que me dan ganas de seguir el ejemplo de Paul Bowles y quedarme donde estoy. Me alegro que en España, para movernos, podamos escoger entre esta compañía aérea oscura y anacrónica, que parece decida a amargar la vida a los pasajeros, y el AVE. Si cabe, siento más tristeza y cabreo recordando que antaño Iberia fue el orgullo nacional de las personas que volamos con frecuencia. No, directivos de Iberia, no me deis la recorrida excusa de la crisis. Hace unos pocos años subisteis el precio de los pasajes cargando la culpa al precio de petróleo, pero ahora que ha bajado el precio del barril de crudo a mínimos casi históricos, no habéis reducido ni un céntimo el precio de los pasajes. Al contrario: “si quiere Ud. escoger asiento, 40 euros”. Cutres. Sois tan prepotentes, ineptos y vergüenza nacional como vuestros azafatos de tierra.
La llegada a Quito, para compensar el purgatorio ibérico de transporte humano, fue luminosa. Nos estaban esperando dos amigos del alma, C.S. y su esposo, J.M., con una sonrisa ancha y chispeante, y una enorme carga de amabilidad y ganas de servir. Abrazos fraternos y cálidos después de dos años de no vernos. Nos miramos fijamente para reconocernos y acostumbrarnos a los cambios físicos mutuos, y a los treinta segundos salta la conexión de corazón a corazón. Hace más de dos décadas que somos amigos íntimos, hemos propulsado numerosos proyectos juntos, entre ellos la Fundación Sichi Sacha, hemos reído y llorado, nos hemos apoyado en momentos de sufrimiento, aconsejado en tiempos de dudas y gozado de los éxitos del otro. Siempre me impresiona sentir que el tiempo no pasa de igual forma para todos. Hay relaciones para las realmente que no pasa, caminan fuera del tiempo.
Con estos amigos, J.M. y su esposa C.S., el dios Cronos no tiene mucho a hacer. Solo necesitamos medio minuto para acostumbrarnos a los cambios físicos, dos años no pasan en balde —un poco más gordito, tú más flaquita y con unas pocas arrugas más debajo de los ojos, este corte de cabello te favorece, te has cambiado la montura de las gafas, por el resto estás igual…—, y en seguida conectamos los unos con los otros a nivel profundo, difícil de describir, de complicidades mudas y de ganas de compartir los aprendizajes, los descubrimientos y la belleza vivida en este tiempo de separación.
Lo primero que hago, como siempre que viajo fuera de España: entrar en la oficina de telefonía local Claro, que está en el mismo aeropuerto, comprar una tarjeta nueva —en Ecuador lo llaman “chip”— y ponerla en mi teléfono móvil cambiándola por la habitual de Movistar. Así se evitan sorpresas desagradables de facturas descomunales a causa del famoso roming y de la peligrosa itinerancia de datos. Simplemente pones una tarjeta nueva de prepago sin cambiar nada más de tu teléfono. Con ello, accedes a internet —si tu móvil tiene este dispositivo— y puedes llamar y mandar y recibir whatsapp a través de tu número habitual, pero llamas a través del nuevo número que acabas de contratar y controlas el dispendio.
Ya estamos en Quito, donde hay una luz especial, limpia, muy limpia. Solo caminar cien metros con la maleta siento un ligero ahogo. No es el cansancio del viaje, o no sólo, sino que Quito está a 2900 m. de altitud —es la segunda capital más alta del mundo— y los recién llegados del nivel mar sentimos y sufrimos la falta de oxígeno. Excepto por esto, que no es casi nada, todo bien. Seguimos en la próxima entrega.

El riesgo de tomar ayahuasca con personas incorrectas

 

Dr. Josep Mª Fericgla

Societat d’Etnopsicologia Aplicada i EECC

Fundació J.Mª Fericgla

http://www.josepmfericgla.org

 

 

1.

En una esquina del viejo barrio hay un grupo de interesados en el fulgor de la ayahuasca. Desde el fondo de la misma calle llegan los cantos y reflexiones de los nuevos sincretismos religiosos. Nacieron en Brasil durante el siglo XX y tratan la mixtura vegetal como sacramento, envolviendo la experiencia en ritos, ceremonias y cánticos extáticos. Todo está correcto. Un poco a la izquierda de las relativamente nuevas religiones ayahuasqueras se ve un puñado de esforzados científicos trabajando desde los años 1990 para conocer el efecto y el secreto material de la ayahuasca. Por el rincón de la derecha, con un diente de oro y cada vez con más frecuencia, aparecen visionarios Quijotescos que, entre estupideces y caradura, han tejido por internet una red para atrapar Sancho-Panzas a quienes venden   —por cierto, carísimas— sus sesiones de ayahuasca, anunciándolas como el remedio universal contra los molinos de viento. O sea, para tratar todo mal humano sin mayor esfuerzo.

Un poco más lejos, pero en la misma calle del viejo barrio, está la policía cumpliendo órdenes, empeñada en no dejar en paz a nadie que busque la experiencia extática importando el famoso jarabe amazónico, a pesar de que, según las leyes vigentes en España (y en Ecuador, Perú, Brasil, Colombia, Uruguay…) este líquido oscuro no atenta contra la salud pública. No obstante, han dado algún susto a desprevenidos importadores de la mixtura.

También hay quien, con preocupación y hasta con cierto abatimiento, trata de poner orden en el nuevo uso occidental de esta maravillosa y milenaria puerta a la trascendencia. De la misma manera que puede ser —y es— una medicina para el alma de la que tanta necesidad tenemos en Occidente, puede ser   —y es—  un nuevo portal a la estafa y a la pirotecnia espiritual, aunque en su origen sea algo sagrado, serio y hasta limpio de intención  —en la mayoría de los casos, aunque no siempre. Este bienintencionado grupo se preocupa para que la mixtura se use bien, y no se genere una imagen errónea de ‘droga mala’ referida a este enteógeno tradicional, ingerido desde hace siglos entre bejucos selváticos.

Y así es como se resume la situación actual. Por lo menos en España, hay un grupo de buscadores de la experiencia con ayahuasca casi en cada esquina. Esto tiene una parte buenísima y otra no tanto ya que, como es bien sabido, donde hay oro real en seguida aparecen las falsificaciones. Sobre la parte buena he escrito y hablado numerosas veces; sobre el mundo de las sanguijuelas asociadas a la ayahuasca nunca lo había hecho, y es igualmente necesario. Por ejemplo, pocas veces se valora con sensatez y conocimiento de causa quién es realmente la persona que lleva la experiencia y cómo se desenvuelve. Conducir una sesión grupal o una sesión de terapia con ayahuasca no es un tema de toda o nada, sino que se puede llevar de forma excelente, regular, mal, estúpida y hasta peligrosa.

Sin pretender tener la verdad  —¡ay! ese término tan traidor que todo el mundo quiere para sí—, os invito a hacer un recorrido rápido por la historia reciente de la ayahuasca en Occidente y al final indicaré los factores a tener en cuenta para evaluar la calidad y seguridad del guía de la sesión.

2.

Mientras la ayahuasca, yagé, natemª, Santo Daime o hananeroca  —éstas son algunas de las numerosas denominaciones vernáculas con que se conoce la mixtura vegetal—  era cocinada y administrada por el chamán local de cada comunidad indígena amazónica, o por el líder espiritual del poblado de colonos, no había mayor problema. Entre los chamanes tradicionales y en los poblados de colonos, había y hay individuos preparados, responsables, con experiencia en restablecer la armonía del mundo y del alma desde un estado expandido de la consciencia; individuos cuya misión en la vida es estar al servicio de los demás ayudando a mantener un orden útil y elevado. También hay, naturalmente, chamanes mentirosos, falsos, caraduras y hasta peligrosos, pero como suele suceder en todas las pequeñas comunidades, todo el mundo se conoce, no habiendo posibilidad de engañar a nadie que tenga un mínimo de sentido común. Y si uno se deja engañar, es que es zoquete y así despabila.

Por otro lado, como entre los pueblos amazónicos no había ni hay acumulación de riqueza, no es posible “pagar el mejor chamán por caro que sea”, como sucede con un buen médico o un buen consejero personal. La persona que necesita ayuda del chamán de la comunidad simplemente se lo pide, y éste se le da —o no se la da. Lo que define la dimensión social de los chamanismos, es que se basan en una relación de ayuda, y si el chamán solicita algo a cambio de su servicio  —una gallina, una tela o unos tablones de madera—  cualquiera lo tiene y puede dárselo a cambio del esfuerzo del brujo para recuperar la armonía y la salud perdidas. Los chamanes amazónicos —generalizando mucho— suelen pedir algo a cambio de su servicio, y el argumento para ello no es que sanen al paciente con sus conocimientos sino que, como dicen: “debo sufrir tomando ayahuasca, con el mal sabor que tiene, y vomitaré y estaré sin dormir una noche, dame algo a cambio”. Parece justo.

Pero resulta que como todos se conocen, también el chamán conoce la vida de sus congéneres más o menos al dedillo y en cada caso concreto decide si hacer algo o no para ayudar a otra persona, no es una cuestión mercantil como entre nosotros.

Aquellas sociedades indígenas de la alta y baja Amazonía, aunque sufrían vendettas y peleas constantes entre ellas  —nada de una vida romántica en el campo—, estaban razonablemente equilibradas por sus tradiciones desde hacía milenios, la gente vivía de manera sencilla y armoniosa con su entorno y de los recursos que sacan o sacaban de él, hasta que… ¡Zasca! Llegó el grandioso, expansivo, mentiroso, tecnócrata, codicioso y ruidoso hombre blanco, seguido, naturalmente, de la mujer blanca (y por ahora, dejo de lado los adjetivos referidos a ella). En el plazo de unos pocos siglos, incluso de décadas, los blancos fueron robando y asimilando todo lo que pudieron extraer de los aborígenes: desde el oro hasta las tierras, desde la madera y el caucho hasta sus recursos extatogénicos y sus medicinas naturales, y entre ellas la ayahuasca. Hubo cosas que el hombre blanco también quitó a los indígenas y que  —muy desgraciadamente— no nos han servido para nada. Me refiero a cosas como la verdadera libertad de acción y de movimiento, las visiones sagradas, la vida sin prisas, la conexión con la Unidad de todos los seres, la risa permanente, la espontaneidad y la fraternidad con la vida natural.

3.

Desde finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, la ayahuasca fue exclusivamente objeto de estudio de investigadores etnobotánicos y psiconautas pioneros de primera línea, personas que solían buscar, reconocer, respetar y valorar la sabiduría indígena (como R. Spruce, R. Evans-Schultes, W. Burroughs o A. Ginsberg). A lo largo de la segunda mitad del siglo XX se fueron sumando al estudio y experiencia de la ayahuasca otros investigadores (J. Ott, G. Reichel-Dolmatoff, L.E. Luna o el mismo autor de este artículo): la familia aumentaba y estaba cada día más contenta.

Por otro lado, lenta y prudentemente iba asomando en el escenario europeo la simpática nariz de los sincretismos religiosos de origen brasileño que toman la mixtura dentro de un marco claramente confesional, devocional y espiritual, como el Santo Daime y la UDV. Un poco más tarde empezaron a viajar a Occidente algunos chamanes, al principio tímidamente y siempre invitados por un audaz europeo o norteamericano que quería compartir la experiencia de la ayahuasca con los suyos, o que quería hacer un buen negocio vendiendo las sesiones de jarabe dirigidas por “¡un auténtico chamán amazónico!” a 300 € o más, a la vez que al ingenuo indígena  —que además corría con el riesgo de transportar la mixtura desde la Amazonía—  le daba una mínima parte de la recaudación  —algo que dura hasta hoy día.

En tres décadas, el temor inicial de los indígenas amazónicos a viajar a Occidente se fue convirtiendo en seguridad y hasta en moda, y los seguidores de sus sesiones creció en número. A la vez, se organizaron y crearon nuevas iglesias hasta agrupar miles de practicantes que consumen ayahuasca de forma definitivamente religiosa y respetuosa.

Los chamanes más avispados  —y algunos indígenas que no son chamanes pero que también son avispados—  fueron yendo más y más veces a la vieja Europa y a los EEUU, ahora ya sin necesitar una invitación, hasta crear un mercado de buscadores de experiencias internas a quienes ofrecer sus sesiones de ayahuasca al estilo exótico. A veces, resulta un tanto extraño verlos con su atuendo de plumas de papagayo en la cabeza y sonajeros atados a los tobillos, cantando en sus lenguas vernáculas que nadie más entiende, medio escondidos en malolientes garajes de gran ciudad donde no es fácil mantener la enorme dignidad que ostentan en su tradicional medio selvático.

Por otro lado, unos pocos occidentales, muy pocos, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, viajaron hasta la Amazonía y de la severa mano de la vieja tradición selvática, aprendieron a preparar y usar la ayahuasca, entendieron la función de cada uno de los ingredientes de la experiencia   —desde la preparación de la mixtura hasta los cánticos—, regresaron a su cultura de origen y desarrollaron formas de usarla en Occidente, formas comprensibles para los occidentales, generando, literalmente, nuevos estilos de consumo y nuevas aplicaciones de la ayahuasca entendida ahora como medicina para la neurosis, antidepresivo, recurso para encontrar sentido a la vida y tomar decisiones, cultivar el mundo interno de las personas, experimentar la trascendencia y tener más ganas de vivir. Palabra que no exagero.

Este es el panorama que ha surgido a raíz de la internacionalización de la ayahuasca. En él encontramos que la mixtura respetada y tenida por recurso sagrado en su origen, ha sido convertida por nuestra cultura en un producto exótico más para ser consumido en el mercado de las experiencias —puntualizo que en algunos casos, no en todos.

Bien, ahora llega la pregunta que me propongo responder en este escrito: al margen de los límites impuestos por la legalidad vigente y cambiante en cada país ¿Cuál sería la forma correcta de establecer en Occidente unos principios y una regulación sensata referida a plantas y mixturas enteógenas y sagradas como la ayahuasca? ¿Quién puede y debe otorgar la conformidad para que dicho enteógeno sea usado con sabiduría y respeto en bien de todos? Teniendo en cuenta que estamos hablando del mundo de lo inefable, los títulos universitarios no cuentan para mucho; entonces ¿Debemos tenerlos en cuenta? Y si es que no ¿Qué tipo de preparación debe tener una persona para dirigir experiencias grupales con el jarabe amazónico sin que sea una amenaza para los asistentes? Incluso cabe preguntarse: ¿Es necesario regularlo de alguna manera o permitimos que los Quijotes mentirosos y codiciosos puedan acceder a la distribución de la ayahuasca de la misma manera que el comprometido seguidor de una religión mistérica, un terapeuta sensato o un científico respetuoso?

4.

En este escrito me propongo la poco recomendable y nada amistosa tarea de ofrecer un esbozo realista para encaminar esta situación. En el fondo, se trata del eterno problema humano que   resumo así: ¿quién juzga a los juzgadores? ¿Quién enseña a los enseñantes? ¿Quién guía a los guías?

No soy nadie para juzgar la manera de actuar de otros, pero siento que la necesidad de hablar de ello está flotando dentro de mí y a mi alrededor y, como solemos decir, parece que nadie se atreve a poner el cascabel al gato. Así pues, a partir de mi larga experiencia me atrevo a ofrecer  —lejos de tratar de imponer—  mis criterios sobre quién puede o no dirigir una sesión grupal de ayahuasca.

Creo que casi todas las personas interesadas en el buen uso de la ayahuasca  —repito, en el buen uso, no en el negocio sin escrúpulos—  tenemos interés en aunarnos más allá de las diferencias, en sumar esfuerzos en lugar de pelearnos, en aprender unos de otros en lugar de criticar, y en ayudarnos en lugar de poner palos en la rueda de otro. Somos conscientes que los enteógenos mal tomados son abono para el narcisismo, más todo lo que de nefasto deriva de este mal de nuestro tiempo como lo llamó A. Lowen (¿Sabes algo interesante? Los términos ‘narcótico’ y ‘narcisismo’ provienen de la misma raíz griega, ‘narkós’). Somos conscientes de que hemos de esforzarnos por agruparnos, agregar y confraternizar. Bien, hasta aquí bien. Ahora veamos la otra asa del cántaro, la mala: ¿Qué hacer con las personas que, por decirlo con educación, han quedado atrapadas en su egocentrismo y en su narcisismo, que convierten las sesiones de la sagrada mixtura en su rentable negocio personal más allá de toda legitimidad, que explotan la situación de falta de regulación sin la menor ética, que son una amenaza para los pobres diablos que caen en sus redes y para los demás que tratan de hacer las cosas bien hechas? De nuevo lo aclaro: no soy la espada de San Gabriel, el guardián que vigila la entrada al Edén, ni soy San Gabriel mismo, ni soy ningún santo. Es por propio interés que me ocupo y me preocupo por mantener limpia una vía de acceso a lo inefable de donde surge el sentido de la vida y de donde brota la experiencia de la trascendencia que tantos anhelamos.

El primer factor a tener en cuenta para decidir quién está capacitado para llevar sesiones de grupo con ayahuasca es la Calidad Humana de la persona. Nadie puede conducir a otros a través de la dimensión de lo inefable, de lo sagrado, de lo numinoso si él o ella mismo no la conoce con seguridad. Y para ello, aunque pueda parecer un tanto naif, es imprescindible ser una persona honesta, una buena persona además de astuta e inteligente. El consumo de ayahuasca, por sí mismo, no hace a las personas buenas: esto es una idea infantil y demostradamente falsa, por mucho que algunos psicoterapeutas lo prediquen  —supongo que para descargarse de su responsabilidad profesional. La realidad actúa al revés y, como decía G. Gurdjieff: muéstrale sus defectos a una persona honesta y se pondrá a trabajar para mejorar; muéstraselos a un individuo malo y al día siguiente los habrá doblado. Personalmente he sido testigo de esta dinámica en más de una ocasión.

Sí, sé que hablar de calidad humana como factor determinante es como querer ver el color del aire. “Calidad” es un concepto paradigmático e indefinible. Si buscáis en un diccionario general dice algo así: “la ‘calidad’ es lo que determina la naturaleza de una persona, objeto o tiempo”. De acuerdo, pero si buscáis el revés  —“¿Qué es lo que determina la naturaleza de una persona o cosa?”—  la respuesta es: “su calidad”. Si buscáis en diccionarios de ética, de psicología (Dios me guarde), en manuales de educación o hasta en textos del Fondo Monetario Internacional (no es broma), encontraréis otras definiciones que no aclaran nada.

Espero que lo entendáis en su justo sentido: tener calidad humana, en el sentido de ser una persona honesta, íntegra y honorable, es el primer factor que necesita tener un guía de sesiones de ayahuasca, además de los conocimientos técnicos propios del tema. Con ello, lo siento pero ya hay un considerable porcentaje de los actuales guías que queda descartado de un plumazo.

La siguiente pregunta que se abre paso. De acuerdo, entonces ¿Quién decide o evalúa quién es una buena persona? Para los creyentes, tal vez sea el mandato o las leyes divinas, y respetarlas es indicador de bondad. Para los no creyentes, es la propia sociedad según sus valores culturales la que evalúa la bondad, honestidad e integridad de cada persona. ¿Es así? No. Esto es cierto y mentira a la vez. Sabemos que la sociedad, a menudo, se comporta como una masa descerebrada votando a políticos abiertamente corruptos e ineptos, o que apoya cosas que la conducen a su propio final o a la esclavitud, como es el consumismo actual. Por tanto, la valoración indiscriminada de bondad o de maldad sobre alguien por parte de la masa social tampoco es una balanza ecuánime, especialmente si la valoración se esconde tras el anonimato. Esto cambia relativamente cuando se trata de pequeños grupos humanos donde todos se conocen, como es el caso de las comunidades étnicas de la Amazonía.

Así, por ejemplo, hay numerosos escritos firmados con nombres y apellidos que defienden a los seguidores del sincretismo religioso conocido como Santo Daime, y a la UDV, hablando del bien social que hacen en la Amazonía y en sus poblados brasileños donde no se da la plaga del alcoholismo, de su actitud tranquila, no comercial, discreta, correcta y no invasiva.

Volviendo al principio, no sería descabellado apoyar la existencia de un colectivo de personas de buena voluntad, expertas y honestas, sin intereses económicos y con el apoyo de la comunidad formada por los usuarios más interesados en la ayahuasca. Este colectivo sería el responsable de dictaminar quién tiene calidad humana y conocimientos técnicos suficientes como para dirigir  —con excelencia— sesiones grupales de ayahuasca. Es una buena idea, sería como el poblado amazónico que evalúa a cada uno de sus chamanes con conocimiento de causa.

Pues resulta que este colectivo ya existe y está organizado en forma de una asociación denominada “Plantaforma para la defensa de la ayahuasca” (www.plantaforma.org). Uno puede estar de acuerdo o no con su manera de navegar, pero se creó tras numerosas reuniones y el esfuerzo de diversos individuos y colectivos. Personalmente, no estoy del todo de acuerdo en su funcionamiento —sin desmerecer sus valores, me parece un tanto pasivo y con excesivos personalismos—, pero ahí está la Plantaforma, es todo lo que hay, no es malo y lo defiendo para poder construir.

Esta pequeña asociación es un botón de muestra de la sociedad de interesados en la ayahuasca, colectivo en el que casi todos nos conocemos y que podría actuar como órgano consultivo de cara a las autoridades y personas cautivadas por el universo de la mixtura amazónica.

Más allá de esta plataforma y de mi defensa de ella, ¿Cómo refrendar en nuestra sociedad a los guías de viajes por la Vía Láctea? ¿Por qué es tan complejo y delicado? Somos peces que vivimos dentro del agua, y el pez es el último en darse cuenta de ello. Nuestro patrón cultural es materialista hasta lo patológico. De ahí que nuestra vida material está regulada y legislada hasta el milímetro, pero la dimensión espiritual no existe. La espiritualidad  —no la religiosidad— flota dentro de una nube oscura, desconocida y no delimitada que a veces se llama inconsciente, a veces vida interior, misticismo, sensibilidad, altruismo, nueva era, esoterismo y, hasta a veces, dulzura. Vaya.

Los efectos de la ayahuasca   —así como la verdadera naturaleza de los chamanismos tradicionales—  escapa a toda definición realizada desde el campo del materialismo y sus leyes. Éste es el problema. Una sociedad neuróticamente positivista como la nuestra, que hasta pretende cuantificar la psique, las emociones, el amor y el universo inefable que albergamos, lo tiene muy difícil para regular la dimensión esencialista del mundo. Los chamanes y la ayahuasca nos desvelan una realidad esencialista, no morfológica como busca el materialismo. En Occidente no contemplamos la espiritualidad como una dimensión de la realidad humana, y así nos va: neuróticos, depresivos, autómatas o psicóticos. Y no se puede regular algo de lo cual no se acepta la existencia.

No olvidemos que a los chamanes amazónicos, cuando no actúan para bien de todos, se les rebana la cabeza. Palabra de antropólogo. Entre los shuar de la alta Amazonía ecuatoriana, por ejemplo, mueren más chamanes a manos de sus propios congéneres que de plácida muerte natural. Está claramente regulado lo que deben y pueden hacer en el mundo del imaginario, y lo que no (no quiero decir que también aquí debamos cortar la cabeza a los estafadores que organizan sesiones, pero ganas no me faltan).

Los pueblos en los que la mixtura extática forma parte de sus tradiciones ancestrales, han desarrollado un método veraz para reconocer la autoridad intrínseca de un chamán, de un guía espiritual o de un piloto de sesiones grupales  —a veces es el padre de familia. Reconocen la autoridad del guía por medio del Conocimiento. La gente sabe reconocer quién es depositario de la sabiduría ancestral, quién la usa para bien de todos, quién es honesto, quién tiene poder, carisma y autocontrol personal, y quién es un pobre diablo que pretende parecer lo que no es ni tiene. El Conocimiento era la clave entonces y lo es hoy, tanto allí como aquí. No confundáis “conocimiento” con “información”. Actualmente hay mucha información, hasta el absurdo, pero poco conocimiento  —y menos aun sabiduría derivada del conocimiento.

5.

Bien, ya tenemos una clave fundamental para reconocer a un potencial buen guía de sesiones grupales de ayahuasca: su integridad, calidad humana y el Conocimiento que maneja como salvoconducto para merecer nuestra confianza. La siguiente pregunta que probablemente os formularéis al visitar la vieja calle de los ayahuasqueros es esta: en una tribu amazónica donde todos se conocen no hay posible engaño, pero dado que vivimos en un océano de anonimato ¿Cómo distinguir una persona de conocimiento de un mero charlatán?  —o de un mero a secas.

El conocimiento no surge por ciencia infusa en el cerebelo de los sabios, sino que es el resultado de mucho trabajo, paciencia y constancia, de sensibilidad y también de acumulación de información bien digerida. En este sentido, creo que las personas que se atreven a llevar sesiones de grupo deben estar, de entrada, legitimadas por alguna tradición reconocida o por alguna religión ayahuasquera organizada, además de por su propia experiencia personal, dotes artísticas, intelectuales y, repito, por su integridad y calidad humana.

Desde aquí puedo escuchar algún comentario disconforme con lo que acabo de decir. Pues tenéis razón, no hay una sola calidad humana pero todas las personas que la han conseguido se reconocen entre ellas como ‘personas de calidad’. Es hermoso. A un melómano puede no gustarle el estilo guitarrístico de Eric Clapton, o puede no gustarle las sonatas del austríaco Franz P. Schubert (de finales del siglo XVIII), pero si realmente es un melómano no suele tener problemas en reconocer que Clapton es un guitarrista genial y el más sensible de los de su época, y que la música de Schubert es de primera división.

Las personas de calidad se descubren entre ellas, y lo mismo sucede entre los usuarios de ayahuasca. Los iguales se atraen y se encuentran. Las personas que hacen un uso correcto y honesto del enteógeno, pueden no coincidir en las maneras preferidas de consumo, pero se reconocen en un camino honesto y confían entre ellas. Personalmente, no soy daimista, pero he participado en numeras sesiones  —o Trabajos, como lo llaman ellos—  de Santo Daime y lo agradezco, soy amigo personal del Padrino Alfredo, máximo guía espiritual de este sincretismo internacionalizado, y puedo dar fe de su honestidad así como de la honestidad de la cúpula de esta iglesia (al margen que pueda haber algún forcejeo interno y de que haya algún nuevo seguidor que comercializa la sagrada mixtura amparado bajo la bandera bondadosa de la religión. ¡Todos somos humanos, por Dios!)

6.

La ayahuasca, como cualquier otro enteógeno, no funciona con las burdas leyes mecánicas de la mayoría de nuestros medicamentos convencionales: “Hay que tomar tantos gramos de principio activo por quilo de peso del paciente, cada tantas horas”. No. El efecto de los enteógenos está en relación a la sensibilidad farmacológica y psicológica de cada individuo. Así pues, si bien no es necesario que un médico haya sufrido úlceras en su pobre estómago para ser un buen especialista en el aparato digestivo, sí es imprescindible que un guía de sesiones grupales de ayahuasca tenga una larga experiencia personal. En el mundo de lo inefable no todo vale y nadie puede acompañar a otros más allá del territorio que conoce por experiencia.

Para acabar, os haré un resumen de las mínimas condiciones que debe reunir una persona que se lance a jugar con su bendita locura y con la de los demás. Es decir, que se atreva a dirigir sesiones grupales de ayahuasca.

  1. Debe pertenecer a una línea de iniciación reconocida y estar autorizado por esta línea iniciática, además de tener un camino personal claro y limpio, de tener los conocimientos técnicos necesarios, de gozar de una larga experiencia y de una salud mental e integridad ética a prueba de bombas.
  2. Una condición para ser un buen guía es la de someterse a cierta supervisión de su labor por parte de otros especialistas, guías o chamanes.
  3. Debe reconocer y aceptar un código ético, haciéndolo explícito a los asistentes. Uno de los logros de la Plantaforma mencionada en líneas anteriores es haber consensuado un código que acatan todas las personas serias que, en España, dirigen estos vuelos interiores. Os recomiendo que lo leáis con detalle, fue aprobado el 23 de noviembre de 2009 y está disponible en su web (ver al final).
  4. Hay que explicar siempre los objetivos y la duración previsible de cada sesión antes de empezar, no mentir a los asistentes ni obligarlos a realizar actividades que van contra las mínimas normas éticas. Por ejemplo, no es ético hacerlos desnudar con el estúpido motivo de someterlos a una terapia sexual —al margen que esto es confundir un problema psicológico relacionado con la sexualidad con lo que puede ser una simple inhibición cultural. También es inaceptable que el guía aproveche su papel y el estado de apertura emocional que propulsa la ayahuasca para mantener relaciones sexuales con participantes, para chupar protagonismo  —ya he hablado del estéril narcisismo que alimentan los enteógenos—, y que trate de influenciar hablando de temas ajenos a la propia sesión (económicos, políticos, doctrinales, familiares, etc.).
  5. El guía debe prohibir participar en la sesión a personas con trastornos psiquiátricos u otros problemas de salud, recordando que la ayahuasca puede ser experimentada como medicina del alma pero que no es un remedio universal —por la simple razón de que este remedio no existe—  y que su uso requiere de ciertas precauciones, evitando en sí mismo el tan extendido como nefasto paternalismo.
  6. Por tanto, también queda excluido de recibir la garantía de calidad e integridad todo individuo que especula mercantilmente con la ayahuasca cobrando precios exorbitados —aunque haya estúpidos incautos o desesperados que lo paguen—, algunos seguidores de religiones daimistas (ayahuasqueras) que, amparados bajo la bandera de la religión, venden botellas de daime a todo bicho viviente, y también queda excluido todo aquel que se atreve a ejercer de psicoterapeuta-chamán-gurú sin tener de ello más que su fantasía infantil y tal vez un puñado de Sancho-panzas que la hacen de coro.

 

Para acabar, os animo a denunciar públicamente las malas prácticas de las que podáis ser testigo, con nombres y fechas   —ojalá que no paséis por ello. Así, antes de lanzaros a lo desconocido podéis visitar las webs que indico al final o similares. También hay un c/e al que mandar información si os topáis con alguna sanguijuela: conoci.a.varela@hushmail.com.

Los que estáis interesados en la experiencia de lo inefable a través de esta maravillosa herramienta que es la ayahuasca, buscad con tesón y esperanza. Debéis aceptar que todo lo bueno y permanente  —como el amor, la paz interior y la calidad humana—  exige esfuerzo y tiempo, mucho tiempo. No esperéis encontrar anuncios fiables de sesiones trascendentes por internet y con letras fosforescentes. Desconfiad de ellos. Cada realidad tiene su vía y estilo de difusión, y la calidad humana siempre es serena, segura de sí misma y discreta. Hay una tradición milenaria en el Próximo Oriente que afirma que el Conocimiento trascendente tiene vida y voluntad propias, que es él quien decide a quién, dónde, cómo y cuándo presentarse para mantenerse vivo e ir saltando de generación en generación.

Si no sabes dónde buscar la experiencia con ayahuasca no te lances a lo primero, simplemente pregunta con honestidad, con esfuerzo persistente y no te dejes atrapar por los traidores brillos de los anuncios ni por fantasiosas promesas incumplibles. No te entregues a nadie que no te despierte total confianza. Ah, y no confundas la ayahuasca con un producto de consumo más. Es otra cosa, te lo aseguro.

También te animo a compartir tus buenas experiencias  —por favor, que tengan algo más de valor que meras batallitas personales, de éstas podemos contar todos; por ejemplo, ¿te has curado de algún trastorno diagnosticado y lo atribuyes, o crees que te ha ayudado, al jarabe?

No quiero animar a nadie a tomar nada, pero si buscas desde el corazón encontrarás la manera, la persona, el lugar y el momento de calidad. Así que sin más, te deseo suerte si este es tu anhelo.

 

—J.MªF., 14 de enero, 2016—

 

Webs donde obtener información interesante referida a la ayahuasca (hay muchas, estas son algunas de las más próximas):

www.josepmfericgla.org

www.plantaforma.org

—www.ayahuasca.com

—www.iceers.org

 

Webs donde obtener información de malas prácticas referidas a la ayahuasca (visítalas antes de lanzarte a lo desconocido):

www.asociacioneleusis.es/2015/07/pronunciamiento-publico-acerca-del-senor-alberto-jose-varela-la-organizacion-que-preside-llamada-ayahuasca-internacional/

www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/el-disgusto-de-los-indigenas-cofanes-mal-uso-del-yage-articulo-576085

www.plantaforma.org/wp/wp-content/uploads/20150728_Pronunciamiento_Taita_Querubin_Queta.pdf

http://albertovarelayyo.blogspot.com/2015/12/testimonio-2-una-paciente-de-alberto.html

Saeta del día

Nasrudín entró en un banco con un cheque que quería cobrar. El empleado le preguntó:
-Señor, para cobrar necesito que se identifique. 
Nasrudín sacó un espejo, lo miró fijamente:
-Sí, definitivamente soy yo, acabo de identificarme -respondió.

Saeta del día

Para el 2016,
os invito, en todo momento y lugar, a ser conscientes de nuestra dimensión Trascendente, evitando errores en la vida secreta y en la pública, cuando estamos solos o cuando estamos en compañía.
Os invito a comer poco y a hablar poco;
a frenar la carrera diaria de errores y a dejar de ser rebeldes;
a ayunar varias veces al año;
a orar desde vuestro núcleo durante las noches;
a dar la espalda a las exigencias del pequeño yo, el ego;
a tomar los problemas de la gente como si fuera una carga propia y a esforzarse por poneros en el lugar de los demás;
a renunciar a hablar con personas que poseen intelectos pequeños y que tienen mala intención.
Os invito a buscar la amistad de las personas puras, a hablar con ellas y a usarlas como modelo.
“El mejor de entre los seres humanos es aquel que hace el bien a los seres humanos”, y la mejor de las palabras es la que no busca llamar la atención que sale del corazón y cuya intención es comprensible.

Desafío para el año 2016

 

Descárgate aquí el desafío para 2016: Desafío para el año 2016

Enumera las 3 experiencias que más han marcado tu año 2015:

a)

b)

c)

Enumera tres responsabilidades que has asumido comprometidamente durante el 2015:

a)

b)

c)

Enumera la 3 emociones más profundas que has sentido durante el 2015, sean las que sean. Permítete sentir y tomar consciencia de lo que sea, y luego decirlo o no según mejor te convenga.

a)

b)

c)

Revisa los propósitos que te hiciste para el 2015 y toma consciencia de…

a) aquello que te ha empujado a tener éxito en tres de ellos (descríbelo).

b) la causa por la que has fracasado en aquello importante que no has realizado.

 

Describe tu don más usado durante el año 2015, en un máximo de 5 palabras.

 

Enumera las 3 experiencias que durante el año 2016 producirían una diferencia en tu vida:

a)

b)

c)

Enumera las 3 aspiraciones más elevadas que, de realizarlas, te harían sentir feliz durante el 2016. Hazlo de manera que Dios pueda entender lo que pides.

a)

b)

c)

Ahora, hazte tres propósitos u objetivos innegociables a realizar durante el año 2016:

a)

b)

c)

Toma consciencia y describe los motivos finales, profundos y fuertes que te empujarán a realizar cada propósito pasando por encima de los problemas que vas a encontrar en el camino:

a)

b)

c)

Enumera 7 acciones concretas que te llevarán escalonadamente a realizar tus propósitos innegociables:

1)

2)

3)

4)

5)

6)

7)

 

Plan de acción 2016

¿QUÉ ACCIÓN HAS DE HABER REALIZADO DEL PLAN, EL MES… Y EL DÍA…?

Enero

Día

Febrero

Día

Marzo

Día

Abril

Día

Mayo

Día

Junio

Día

Julio

Día

Agosto

Día

Septiembre

Día

Octubre

Día

Noviembre

Día

Diciembre

Día

Estructura sinérgica que te apoyará y recordará tus propósitos para el 2016 (personas a las que vas a pedir apoyo para que te animen y recuerden tus propósitos, y lo que vas a pedirle a cada una de ellas).

a)

b)

c)

Cualquier otra nota importante para construir tu año 2016.

 

Los ocho campos de tu vida

(descárgate la versión en .doc para verlo)

Rellena cada uno de los campos hasta donde sientas que estás realizado en él ahora, empezando por el centro. Te dará una imagen gráfica de tu estar actual. Una rueda armoniosa es la que tiene todos los campos aproximadamente igual y puede girar. Si un campo está muy lleno y otros vacíos queda una rueda que no gira, pero indica claramente qué aspecto o campo de tu vida debes empezar a nutrir.

Espiritualidad

Dinero

Sexualidad

Afectos

Salud

Trabajo

Amistades

Familia

 

Sé lo máximo feliz durante todo el año 2016 y busca incansablemente la Paz y la Integridad.