Varios hechos que van cerrando este viaje y abriendo otro (6ª y última entrega del viaje por Ecuador)

Hoy es jueves, 4 de febrero. Anoche llegamos al pueblecito de Vilcabamba. Hace cuatro años pasé unos días aquí mismo con mi amigo Giancarlo Toti, uno de los mejores guías de submarinismo de las islas Galápagos. Si veis algún documental del National Geographic o de otra gran empresa de documentales sobre la exuberante vida marina en las islas Galápagos, es casi seguro que Giancarlo estaba detrás de la cámara o, como mínimo, guiando a los cámaras.
Vilcabamba es la magia y el encanto hechos realidad y salidos del tiempo. Está a unos 50 km de la ciudad de Loja y a 1.500 msnm. Este toponímico, Vilcabamba, lo es a la vez del pueblecito y del valle escondido entre los Andes donde ha crecido el pueblo. Es un lugar difícil de describir, como el aire transparente, pero lo voy a intentar.
Es famoso por la edad que alcanzan muchos de sus habitantes, de los que se dice que son los más longevos del mundo. Hay muchas personas que pasan el siglo de vida, y las hay que llegan a los 120 años, y se las ve tan contentas con su azadón o con un haz de cañas de azúcar sobre el hombro, caminando tranquilas y lentamente por las calles silenciosas del lugar. Se respira calma, serenidad y lentitud en el buen sentido, no en el de pereza. Las pocas personas que veo por las pocas calles que conforman el pueblo hablan en un volumen bajito y de forma natural —no para esconder lo que están diciendo. Hay un silencio extraño que me ha envuelto a la hora de estar aquí, un silencio que parece elevarme en lugar de clavarme, un silencio espiritual.
Contrastando con los calmados y discretos lugareños, en la plaza central de Vilcabamba, la única que hay, se reúne la colonia de extranjeros que han venido a vivir aquí. La mayoría son ancianos norteamericanos y alemanes, ridículos en su afán de vestir como indiana jones jubilados —pero sin aceptarlo—, que gritan con la voz gangosa, nasal, metálica y especialmente molesta con que suelen hablar los anglo-norteamericanos. Lo siento, pero me molesta tenerlos cerca. Es una experiencia que se repite allí donde vaya: si, por ejemplo, estoy en un restaurante coincidiendo con una mesa de anglo-norteamericanos suele pasar que no puedo hablar con calma con quien sea que comparto la mesa. Los anglo gritan de forma tan exagerada, como adolescentes malcriados que necesitan llamar la atención, que todo el mundo debe enterarse de lo que están hablando, interese o no —generalmente, estupideces envueltas en risotadas y gritos.
Los EEUU son un pueblo con muchas cosas buenas y envidiables —y tengo amigos íntimos nativos de este gran país— pero que no han aprendido aún a respetar a los demás. Parece que no han descubierto que no viven solos en el mundo. Estando en Ibero América he constatado que los latinos un poco sensibles detestan a los yanquis, entre otros motivos, porque de tanto repetir que ellos ‘son los americanos’ —“nosotros, los americanos; nosotros, los americanos…” como repite incansablemente cada presidente de los EEUU y cada estadounidense— en todo el mundo se ha acabado por identificar América con los EEUU, y no es así. América es muchísimo más que un país. Es un gran y hermoso continente compuesto por Sudamérica, donde conviven centenares de etnias e idiomas, por América Central compuesta por siete países, y por América del Norte compuesta por México, EEUU, Canadá, Cuba y Alaska. Amigos ‘usanos’, como os llama J. Ott, no sois los únicos que vivís en el mundo, ni los únicos que vivís en América, ni tan solo los únicos que habitáis en Norte América. Un poco más de cultura, humildad, silencio y realismo serían muy de agradecer por parte del resto del mundo.
De todas maneras, la actual colonia de unas trescientas personas ancianas germánicas y anglo-norteamericanas que viven en Vilcabamba no ha sido la primera llegada de extranjeros buscando la longevidad del lugar, e interrumpiendo la paz atemporal que reina en este valle sagrado. Todo comenzó en 1970 y ha ido creciendo en las últimas dos décadas. Alguno de vosotros se debe preguntar: ‘¿Qué pasó el año 1970?’. En 1969 se llevó a cabo la primera investigación demográfica patrocinada por el gobierno ecuatoriano de la época, y los resultados dejaron estupefactos a los científicos locales. De una población de unos 500 habitantes, había decenas que pasaban del siglo de vida. La noticia se difundió rápidamente por todo el mundo, vinieron investigadores europeos y anglo-norteamericanos que constataron el descubrimiento de sus colegas ecuatorianos y… empezaron a venir personalidades en busca de lo mismo que yo: calma, silencio, miradas transparentes, y además más años de vida.
La primera personalidad que sé que vino a Vilcabamba en 1970 fue el conocido actor mexicano Mario Moreno, alías Cantinflas. Vino aquí a consecuencia de una enfermedad cardiovascular que sufría, fue atendido en el único bar que había en la Vilcabamba de los años 1970 y se quedó durante tres meses para reposar. La noticia también corrió, pero por las revistas del corazón.
Esta mañana, como he comentado, paseando con Myriam por las calles del pueblo, he observado una colonia de acomodados jubilados tomando café en los 8 ó 10 bares que hay hoy, o bien paseaban como si fueran los dueños del lugar. El censo actual de Vilcabamba habla de unos 4.500 residentes entre autóctonos y extranjeros.
Escritos de biólogos afirman que los ríos que riegan este oculto y sagrado valle andino son ricos en magnesio y hierro, y que a ello se debe la famosa longevidad humana. Sin la menor duda tiene que ver, pero no es el único factor. También lo es la altura: en algún lugar, hace años, leí que todas las poblaciones humanas más longevas viven entre los 1.200 y los 1.600 msnm. Seguro que también influye el cielo tan limpio, abierto y profundo que envuelve las noches aquí y aún hay otro factor que me interesa sobremanera.
Este valle andino estaba considerado sagrado por los quichuas, y antes de ellos por los incas que venían hasta aquí a contactar y hablar con los dioses, con sus dioses. Además de la energía telúrica que detiene el tiempo cuando uno entra en el valle, además de las aguas ricas en hierro y magnesio, además de la calma de sus habitantes y del increíble cielo nocturno… están los bosques de Vilco que envuelven el pueblo y llenan el valle. Vilco, de ahí viene el nombre quichua del lugar. ‘Vilco’ proviene de ‘huilco’, el árbol cuyo nombre botánico es Anadenanthera colubrina y cuyas semillas tienen buscados y reflexivos efectos visionarios. Por su lado, ‘bamba’ en quichua significa ‘valle’ o ‘terreno descubierto’, por lo que Vilcabamba significa Valle de los Vilco, árboles que sólo crecen en esta pequeña área y que están en lamentable peligro de extinción. Para redondear el material natural que puede promover estados visionarios, en estos mismos bosques de vilco que rodean el pueblecito andino, hay los cactus sanpedro más grandes que he visto en mi vida. Llegan a tener más de 15 m de altura y crecen mezclados con los vilcos. Los sanpedros son cactus sagrados que contienen mezcalina, y han sido usados milenariamente como enteógeno sagrado en Iberoamérica. Así pues, Vilcabamba era el valle de la calma donde los antiguos venían a buscar visiones sagradas de sus dioses, tomando semillas de vilco, ricas en N,N-dimetiltriptamina, un alcaloide cercano de la DMT o principio activo de la ayahuasca, y en Bufotenina, otro enteógeno visionario, el que también contienen los tradicionales sapos que al besarlos —aunque en realidad hay que chuparlos— se convierten en príncipes.
Si queréis visitar este fantástico bosque, hoy convertido en reserva natural de plantas sagradas visionarias, el mejor plan es ir caminado hasta una reserva privada que está a las afueras del pueblo. Se llama Rumi Wilco (www.rumiwilco.com) y la lleva un voluntarioso y admirable matrimonio, Orlando y Alicia. Si os animáis a venir, caminad desde la plaza central de Vilcabamba hasta esta reserva, es un paseo de 20 min. El lugar, de varias hectáreas, tiene este punto que me gusta tanto. Por un lado está cuidado, digamos que lo suficiente para no perderse —hay cartelitos hechos a mano por el matrimonio con los nombres de las especies vegetales, los senderos se pueden seguir sin esfuerzo—, y por otro lado no está tan cuidado como para parecer un jardín suizo, la naturaleza virgen sigue siendo la protagonista.
Al llegar a la entrada de la reserva nos hemos puesto a hablar con Alicia, quien la atiende cuando le va bien, y ha resultado que ella y su esposo son buenos amigos de Giancarlo Toti, de quien os he hablado al principio, y de Verónica, otra vieja amiga ecuatoriana. Se me renueva la agradable sensación de que el mundo es un lugar afable si tienes amigos. Hacedme caso, vuestro verdadero tesoro es el grosor de vuestra agenda, no el de vuestra cuenta corriente.
Quería recoger algunas semillas de vilco, o de yopo como lo llaman los argentinos, pero no he encontrado ni una. A pesar de la caminata de casi dos horas, no he visto una sola vaina ni semilla, salen en mayo-junio. Bueno… paciencia para vivir muchos años.
En Vilcabamba, este fin de semana se celebra el Carnaval por todo lo alto, incluyendo la salvaje pelea de gallos que es motivo de fuertes apuestas durante dos días seguidos, pasado mañana sábado y el domingo. Esta mañana hemos visto como los propietarios preparaban a sus gladiadores gallináceos en las calles del pueblo. Os adjunto una curiosa foto de una acera llena de gallos de pelea atados a piedras tomando el sol.

Ahora voy a compartir con vosotros una parte de lo que ha sucedido en el viaje desde la última Entrega, hace 4 días. Os lo cuento de forma resumida.
El pasado domingo —hoy es jueves— regresamos de la selva a Quito durmiendo en la ciudad Baños, famosa por sus aguas termales que, obviamente, probamos. Al llegar a Quito, resultó que un amigo tenía que viajar este mismo día a España y acordamos que se llevaría el poco de ayahuasca que sobró de la sesión con Juankª, la semana pasada, y que me dio de regalo. Este preparado visionario es legal en todo Latino América y en España, incluso algún país como Perú y Brasil —hablo de memoria— lo han declarado patrimonio cultural nacional. No hay ningún motivo para prohibirlo, no es adictivo, es una buenísima y útil medicina para el alma, como siempre lo han considerado los pueblos amazónicos y andinos que consumen desde hace milenios, no conlleva más peligro que la aspirina —si tomas cinco comprimidos a la vez porque te duele mucho la cabeza, tienes una úlcera estomacal garantizada—, entonces ¿a qué viene esta paranoia política y policial para incluir la ayahuasca en el mismo saco de las drogas de abuso cuando ni la conservadora Jefatura internacional antinarcóticos, la JIFE, lo dice?
Resultó que, al llegar al aeropuerto, nuestro amigo se topó con la avidez y la agresiva dureza de los polis antinarcóticos ecuatorianos que le registraron hasta la pasta de dientes —literalmente— buscando cocaína y marihuana, y ¿qué hizo? Asustado ante las impertinentes y exhaustivas preguntas de los antinarcóticos del aeropuerto, tiró al retrete la ayahuasca y una botellita de jugo fresco de caña de azúcar que llevaba para su esposa. Vaya triste final para ambos sabrosos y nutrientes jugos a causa de la falta de sentido común imperante.
El lunes descansamos en casa de Catalina y Juan, cerca de Quito, si bien estábamos invitados a ir a comer a casa de D.K. y de C.V., y ahí fuimos con A.M.V. Me impresionó la casa de esta agradable y muy adinerada familia. Es una casa de diseño con mucha personalidad. Está construida sólo con hormigón vista y grandísimas cristaleras, además de paredes de madera color claro de unos 4 m. de alto que se mueven para configurar espacios a medida del uso que se requiere en cada momento. Me sorprendió que, a pesar de la altura de los techos, de unos 4 m., de la aparente frialdad de los materiales y de los poquísimos muebles que tienen —a ojo, es una casa de más de 1.000 m construidos, casi minimalista—no me sentí en un espacio frío. Pasamos un buen rato con ellos, hablando de política, de Dios, de pintura, de las respectivas familias y de mil y un temas más, siempre con este tono y respeto que identifica las personas cultas, sensibles y tolerantes. No me sorprendió saber que al margen de su conocida y principal actividad empresarial, D.K. es doctor en farmacología.
El día siguiente, martes 2 de febrero, fue un día luminoso y muy especial para mí. Creo que mientras viva lo recordaré: el 2 de febrero de 2016.
Hace más de 20 años que estoy visitando casi anualmente este precioso y mágico país, Ecuador. He realizado la mayor parte de mi trabajo de campo antropológico entre sus indígenas, he comprado tierras ecuatorianas en rincones maravillosos, he apadrinado dos jóvenes a los que cuido de cerca y a los que siento como verdaderos ahijados a pesar de la distancia, pero… nunca había realizado ninguna actividad académica. Me faltaba este escalón y en este viaje lo he subido.
El martes impartí una conferencia en la sala de actos del Museo Mindalae de la Fundación Sinchi Sacha. Me lo propuso C.S., la directora, y aunque técnicamente estoy de vacaciones acepté en seguida y agradecido. El tema de la conferencia, tal vez lo habéis visto ya por las redes sociales: ‘Los estados expandidos de la consciencia: de la antropología a la psicoterapia, y del misticismo clásico a la ciencia contemporánea’. Sí, sé que nunca he sido bueno poniendo nombre o título a mis conferencias y talleres, a pesar de eso fue un éxito rotundo. Vinieron más de cien personas y otras tantas se quedaron fuera por falta de espacio en el local, a parte de las personas que ni vinieron porque aunque era gratuita había que reservar plaza y cuando llamaron les dijeron que ya no había ninguna. Me sentí muy feliz pudiendo devolver a los ecuatorianos algunas de las cosas que he aprendido aquí, y además en un acto promovido por C.S. y J.M., amigos y socios a los que amo desde hace más de veinte años y con los que siempre me siento en deuda.
Hablé con fluidez, que no siempre me ocurre, sintiéndome cómodo y bien acogido, y me pude entregar en una conferencia que duró dos horas largas. Dos horas de estar hablando sin parar, sin tensión y sin cansancio. No salió nadie del auditorio y, hasta mi esposa, al acabar, me comentó que había sido una conferencia brillante, que había hablado de temas técnicos que ella desconocía, a pesar de ser mi mejor fan y seguidora —y también la más crítica.
Me sorprendió la gran calidad de las preguntas que el público formuló al final de mi charla, se notaba que sabían de qué hablaban y, sobretodo, me sorprendió lo muy conocida que es mi obra científica en este pequeño y acogedor país. Lo ignoraba por completo y me encantó descubrirlo. En el auditorio estaba una antigua viceministra de cultura, un montón de profesores universitarios, varias personas con un alto perfil público —alguna de ellas con guardaespaldas incluidos que, los pobres, se vieron obligados a escucharme durante dos horas sin tener el menor interés; deben estar acostumbrados porque no se durmieron—, y especialmente había muchos universitarios interesados en mi trabajo. Para mí fue un elogio ya que los estudiantes universitarios no suelen atender a formalismos: interesa o no, y punto.
Con esta conferencia del martes cerré también un proyecto largamente soñado. Os lo cuento con emoción. Hace más de un año que estoy tratando de negociar con varias universidades españolas la creación de un “Máster de especialización en procesos de desarrollo personal y técnicas de la consciencia”. Es bonito de nombre e inspirador de contenido, lo garantizo. Sería la manera de cristalizar todo lo que he aprendido a lo largo de mi vida como antropólogo y científico del alma, y transmitirlo de forma ordenada a nivel universitario. Durante un año de reuniones y más reuniones en España no he conseguido nada, absolutamente nada. Perder mi tiempo con funcionarios pretenciosos y medio idiotas. He trabajo fuerte durante meses y tengo el proyecto del máster completo y acabado, con el programa, un maravilloso equipo de profesorado internacional de primera división, las formas de evaluación diseñadas… Es desesperante cuando uno ha hecho tanto trabajo, y buen trabajo, y se encuentra a cada paso con el patético y tradicional en España: “llame Ud. mañana”. Mariano José de Larra ridiculizó esta estéril actitud en la Madrid de 1833, seguimos igual con otro Mariano y con el resto del país. No es de extrañar que, a nivel internacional, España sea un país de tercera división que no cuenta para nada.
Cuando llegué a Ecuador —¡hace menos de tres semanas!— llevaba conmigo una copia del proyecto del máster, con la difusa idea de buscar apoyo en este país si había alguna puerta donde llamar. Os evito los detalles: a los pocos días de llegar, tuve una simpática reunión con el profesor R.M. de la Universidad Andina, una de las mejores si no la mejor del país. Al día siguiente otra reunión corta, despierta y fructífera con la junta de gobierno del área de conocimiento correspondiente. Suficiente burocracia. Resultado: a partir del próximo 12 de septiembre, y si los dioses de los Andes no se oponen, comenzaré a impartir en Quito el seminario ‘Músicas e Inconsciente’, seguido de una edición del taller vivencial para ‘Despertar a la vida a través de la muerte’. Con esto se dará por comenzado este máster a nivel internacional y ellos se ocuparán del resto de burocracia. No hay color —cuando regrese a Barcelona me espera una reunión con otra universidad catalana, con el mismo fin. Me encantaría que se les pegue el aire fresco y eficaz de las universidades ecuatorianas, y que también pueda llegar a un acuerdo rápidamente. No es mal plan para los alumnos seguir el máster avalado por dos universidades.
Me hace mucha ilusión este nuevo proyecto aunque, si he de ser sincero, me hubiera sentado mucho mejor hace diez años. Supongo que por la edad —como dije en la segunda entrega, celebré mi 61 aniversario hace unos días en este entrañable país— empiezo a sentirme un poco cansado para comenzar nuevas aventuras académicas, prefiero dedicarme a mi amada hija y a escribir. Pero es el destino quien ha puesto esta posibilidad tan a pedir de mi boca que no puedo más que aceptarla con agradecimiento.
Gracias por seguir nuestro viaje por Ecuador. Quedan algunos días más de viaje pero creo que esta será la 6ª y última entrega que escriba. El resto… voy a descansar en el hostal Madre Tierra, a las afueras de Vilcabamba, donde el tiempo se detiene en brazos de mi amada. Por cierto, el destino me ha regalado otra buena carta en este viaje.
Anteayer llamamos desde Quito para reservar habitación en este hostal de vilco-gnomos. No había. Estamos en Carnaval y los alojamientos en Vilcabamba están al completo. Myriam, con el teléfono en la mano me comenta: “Sólo les queda la suitte principal, preciosa, amplia, con vistas sobre el valle. Precio: tanto. ¿Qué hacemos?”. “Mujer, Venimos de la selva donde nuestros amigos llegan a pasar hambre, me parece mucho dinero para estos cuatro días. Encontraremos otro alojamiento bueno y más económico”. “Es muy cara, si no tienen otra habitación no hay problema, buscaremos otro alojamiento. Gracias”. Cuando Myriam iba a colgar, la voz que hablaba en nombre del hostal Madre Tierra le dijo: “Si la quiere por cuatro días, le dejo la suitte al mismo precio que otra habitación doble”. Así es como estamos gozando de este precioso espacio, lo que tomo como otro regalo del Ecuador para contribuir a que nuestro tercer o cuarto viaje de novios sea más espléndido.
Os mando un saludo y, como siempre, a vuestro servicio.

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