Aclarando una mala experiencia con ayahuasca

ACLARANDO UNA MALA EXPERIENCIA CON AYAHUASCA
Dr. Josep Mª Fericgla
Societat d’Etnopsicologia Aplicada / Fundació J.Mª Fericgla

Hace unos días recibí el escrito de un desconocido que había tomado ayahuasca, y me pedía que le ayudara a entender lo que le había sucedido durante la sesión en la que participó. Según comentaba, sintió pánico y se sintió morir, en tanto que la gente que dirigía la sesión tenían una actitud claramente sectaria, incluso desagradable, menospreciando su demanda de ayuda. Como suele ocurrir, el remitente no entendió lo que había acaecido y necesita comprenderlo, algo muy humano.

I.
Responder a esta persona, a la que llamaré Sr. Desasistido en la Oscuridad, requiere tiempo, y justo es de este sagrado bien del que ando más escaso, pero tomaré el necesario para contestarle y, a la vez, ofrezco estas pequeñas indicaciones a todos aquellos que os encontréis en una situación similar.
Para contextualizar la respuesta, copio el escrito del Sr. Desasistido en la Oscuridad: “De forma resumida, la vivencia que tuve fue la de una parálisis progresiva del cuerpo a la vez que una visión amenazadora de un algo bien feo que me invadía desde fuera el cerebro. Esta vivencia me resultaba dura de soportar y parecía inacabable. Estaba encuadrada en un ambiente intencionadamente desasosegador creado por los facilitadores. Tuve miedo real a morir, y no sólo simbólicamente. Abriendo los ojos conseguía salir de la experiencia si bien me encontraba ’ebrio’ e inseguro. Haciendo un esfuerzo, me levantaba a pedir ayuda a los facilitadores y de todos obtuve una respuesta unánime: me sugerían que volviera a mi lugar a vivir mi experiencia. Ninguno de ellos se preocupó por saber cómo me sentía ni qué grado de angustia tenía. Era obvio que estaba angustiado, sólo hacía falta fijarse en mi expresión facial. Finalmente recordé que nos habían dicho que en caso necesario se podría salir de la sala, y eso hice. A esto, además, puedo añadir que mi crítica a los facilitadores no fue bienvenida al día siguiente en la reunión. Ahí ratifiqué que mis temores eran ciertos. Estaba en una secta. Esto me ha mermado las ganas de volver a tomar ayahuasca.”
Bien, vayamos por partes. El efecto de cualquier enteógeno, como lo es la sagrada mixtura amazónica, depende de tres factores y te aseguro, Sr. Desasistido en la Oscuridad, que cada uno de ellos tiene el mismo peso en cuanto a la vivencia final.
Un pie o factor que determina el efecto es la substancia misma: cantidad, calidad y tipo de enteógeno. El segundo de los tres pies que determinan el efecto es el contexto que envuelve la experiencia: calidad humana, símbolos ambientales, estilo de acompañamiento, música y entorno, sentido explícito de la experiencia, iluminación, muebles, postura corporal y distribución física de los participantes. Y el tercer factor que, en la misma proporción que los otros dos, determina la vivencia es el propio sujeto: cómo se siente emocionalmente, experiencia previa en estados expandidos de la consciencia, estructura de personalidad, creencias espirituales, sensibilidad, madurez y expectativas. Repito con firmeza: cada uno de estos tres factores influye por igual, y es un error habitual e infantil pensar que todo depende de la substancia.
En primer lugar, sobre la calidad de la substancia y la cantidad que ingeriste no puedo comentarte nada ya que no me facilitas ninguna información. Vamos a suponer que estaba dentro de la normalidad.
En segundo lugar, vayamos a tu estado personal. La obligación de todo sujeto que va a someterse a una experiencia de este calibre, que va a “abrir las puertas de la percepción”, es estar bien consigo mismo, conocerse un mínimo, estar razonablemente equilibrado en su dimensión emocional, saber que los humanos albergamos, debajo de la consciencia, un ingente volcán inconsciente que está bullendo de pasiones, instintos, vivencias reprimidas y pulsiones naturales a la vez que de dimensiones trascendentes, y que el hecho de abrir la puerta al inconsciente tanto puede conllevar que nos llene la vida de sentido y de plenitud —lo que todos buscamos—, como puede implicar lo contrario, que caigamos atrapados en la oscuridad de las pulsiones bajas, y que el inconsciente llene de confusión y miedo la pequeña parcela de luz y orden que es la consciencia, y que con tanto esfuerzo vamos cultivando desde el principio de la humanidad.
Si una persona no está psicológicamente firme y estable y no se conoce un mínimo por dentro —como imagino que fue tu caso en aquel momento— le aparecen las propias pulsiones oscuras o proyecciones que se suelen experimentar como tú describes: “una visión amenazadora de un algo bien feo que me invadía desde fuera el cerebro”. Es una experiencia que la humanidad ha descrito innumerables veces con metáforas de lo más inverosímil: belcebú, satanás y el demonio juntos, los diablos de los que habla el budismo, los malos espíritus que habitan la selva y que nos arrastran a la muerte, o la noche oscura del alma. Todo ello está dentro del propio sujeto. De ahí que las tradiciones mistéricas que facilitan el acceso a tales amplios espacios psíquicos tengan siempre previstos actos previos de preparación, que a veces duran meses, para que las personas que buscan tales experiencias de lo numinoso, de lo sagrado, estén emocionalmente limpias y serenas. En el cristianismo se denomina “estar en estado de gracia” o “en gracia de Dios”, lo cual significa estar en paz con uno mismo y con el entorno, ya que la experiencia de lo trascendente en una experiencia de amor, de unión de opuestos y de comprensión de las verdades más profundas. Es un estado que venía precedido por ayunos y por una confesión pública como método para estar en paz —naturalmente, me refiero a las prácticas cristianas cuando el cristianismo no era una religión desactivada y basada en vacíos dogmas de fe, como lo es hoy.
Nada es del otro mundo, pero estar bien con uno mismo requiere preparación y esfuerzo para evitar —o para saber enfrentarse a— las experiencias aterrorizantes y dolorosas que pueden surgir del inconsciente cuando no hay amor. A partir de tu relato, Sr. Desasistido en la Oscuridad, imagino que no hiciste nada en el sentido de prepararte para abrir la caja de Pandora que es tu propio inconsciente profundo, y que tampoco los “facilitadores” te invitaron a hacerlo.
Lo mismo se puede decir en referencia a nuestra dimensión física, al cuerpo. También el cuerpo debe estar preparado para recibir la ayahuasca, lo que se traduce en haber comido poco desde horas antes, y nada de condimentos difíciles de digerir como ajo, cebolla, picantes y comidas grasas, haber evitado tomar café y estimulantes musculares que ensucian el delicado efecto espiritual y visionario de la mixtura, incluso es bueno haber hecho algo de ejercicio físico previamente a la sesión para tener el cuerpo relajado.
El miedo a morir que pasaste es bastante habitual, y no sólo bajo el efecto de la ayahuasca. A veces, se experimenta con idéntica intensidad durante los sueños nocturnos, en sesiones de técnicas avanzadas de meditación, durante la práctica de danzas extáticas o incluso en los talleres que dirijo desde hace más de dos décadas, en los que se experimentan estado expandidos de la consciencia propulsados por la técnica de respiración holorénica que creé por aquel entonces inspirada en técnicas milenarias, que sigo usando con éxito y por el que han pasado miles de personas. Me refiero al Taller para Despertar a la Vida a través de la Muerte.
La sensación de muerte inminente es una vivencia creada por el propio ego. Es la muerte de esta estructura psíquica que podemos denominar ‘pequeño yo’, que se resiste a perder el control del sujeto y, si bien este control es útil para la vida cotidiana, no lo es tanto para evolucionar, para experimentar estados místicos, para amar y para gozar de la humana plenitud que nos es concedida si uno es capaz de soltarse y trascender la pequeñez del ego.
En otro ámbito y como ejemplo paralelo, muchas personas sienten que salir del territorio del clan familiar constituye una deslealtad imperdonable, y esta sensación les despierta un miedo aterrorizante y ancestral a no ser ya readmitidos nunca más en la seguridad del clan. A la vez y paradójicamente, estas personas suelen tener la sensación de que ya no encajan en la familia tan estrecha en la que han crecido, que son unos extraños y que algo en ellos funciona con unos términos de referencia distintos a los del resto de clan. A veces, y a pesar del miedo, estas personas se atreven a salir de este territorio pequeño pero acogedor. Otras veces, abandonan su interés por conocer y expandirse, y sobreviven como sonámbulos para el resto de su existencia en un espacio miserablemente minúsculo en relación a los potenciales que nos ofrece la naturaleza por el hecho de ‘ser humano’. Los que se atreven a salir, como has hecho tú Sr. Desasistido en la Oscuridad, suelen enfrentarse al paralizante miedo a morir y, si son capaces de mantenerse en su empeño y tienen un buen guía, llega un momento en que, inevitablemente, atraviesan esta estrecha puerta del ‘pequeño yo’ o ego, y su vida se abre a territorios inmensos, de gloria y grandiosidad. No hay que temer la soledad inicial del camino ni la posibilidad de morir. Uno muere, efectivamente, y a veces produce pánico como es tu caso, pero se muere a lo que ha sido hasta el momento para, si es capaz de ello, renacer en un espacio mayor, más amplio, estable y seguro. Este es el objetivo de todos los ritos iniciáticos o ritos de paso que estudiamos los antropólogos, cuando son ritos que mantienen su potencial regenerador de la vida humana.
Entonces, la persona puede regresar al espacio familiar y descubre que, en lugar de no ser readmitido como temía, lo es y con honores, como un Ulises que regresa a Ítaca, que es capaz de entender muchas cosas que antes le resultaban amenazantes.

II.
¿Qué hace falta para no perderse por el camino y para que, en lugar de acabar en un espacio interior más estable, consciente y grandioso, uno acabe en una experiencia de terror, de emociones negativas y más recluido si cabe en el minúsculo y familiar espacio del pequeño yo? ¿Qué hacer para no acabar embarrado en un mal viaje, como se suele decir y como ha sido tu caso? El primer requisito y fundamental es un buen guía, por lo menos al inicio. Y este es uno de los problemas actuales con la ayahuasca: hay pocos, muy pocos, guías confiables, o “facilitadores” como se les llama ahora —desde mi punto de vista, es un eufemismo con el que la gente ordinaria intenta evadir la responsabilidad real que implica guiar una sesión de ayahuasca.
Por un lado, la ayahuasca se ha puesto de moda y Occidente se ha llenado de oportunistas que pretenden abrir las puertas de cielo a los demás sin tener, ellos mismos, la menor idea de dónde está tal camino, qué exige y qué ofrece el hecho de abrir tales puertas. Y es así que en lugar de abrir las puertas del cielo se abren las puertas del infierno, como te sucedió a ti. Doy gracias a Dios por haber podido experimentar con la ayahuasca con calma y antes de que llegara la actual ola de estupidez, ignorancia y sensacionalismo. Te animo, Sr. Desasistido en la Oscuridad, y os animo a todos, a que leas de nuevo a Aldous Huxley, hace mucha falta. Por ejemplo, “Cielo e infierno”, “La isla” y “Las puertas de la percepción”.
Por otro, hay una necesidad urgente y comprensible de experimentar lo numinoso o sagrado por parte de muchos occidentales que andan desorientados y vacíos, y esta ecuación, repito, da lugar a que numerosísimos oportunistas hagan su agosto. Por lo que narras, no tengo la menor duda que has caído en manos de una de estas redes que están llenando sus arcas de dinero fácil a base de ofrecer sesiones de ayahuasca sin tener los conocimientos reales para guiar a otros por el estrecho sendero de la anhelada plenitud. Se trata de un ciego —ni tan solo un tuerto— guiando a otros ciegos.

PARA SEGUIR LEYENDO LA SEGUNDA MITAD DE ESTE TEXTO, OS INVITO A HACERLO DESDE LA WEB QUE INDICO. GRACIAS.

http://www.josepmfericgla.org/web_Fundacio_JMFericgla_2/fericgla.shtml

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