Saeta del día

Dormidos en el bote del cuerpo y sus límites flotamos ajenos al Agua del agua. 
Hay que elevarse hacia el Agua si queremos salir del agua, hay que dejarnos llevar hacia el Espíritu que llama a nuestro espíritu.

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Amor y trabajo para renacer en esta época de confusión

¿Cuántos de nosotros andamos por ahí, no completamente muertos pero tampoco vivos del todo, porque una parte nuestra no ha avanzado ni un centímetro desde que murió mamá, papá o cualquier otra persona querida a la que estábamos pegados? No voy a dar una respuesta numérica precisa porque, naturalmente no la hay, pero en mi experiencia como psicoterapeuta, como antropólogo y como entrenador humano, puedo afirmar que casi la totalidad de nosotros entra en esta clasificación de los “tampoco vivos del todo”.

No es nada nuevo que el secreto de la vida despierta, el secreto para evolucionar es avanzar, caminar, ir hacia delante. Es el consejo que dan los budistas a una persona que acaba de morir: “¡Sigue adelante, avanza! No te dejes atrapar por la familiaridad del cuerpo que acabas de abandonar ni por la confusión en la que entrarás al dejar la mente y los pensamientos habituales”. Por eso, el Libro Tibetano de la Muerte, el Bardo Tödol, al igual que tantos otros textos sagrados, es un manual tanto para morir como para vivir despiertos. Insiste en que hay que ser conscientes y que hay que aferrarnos desesperadamente a la consciencia, de lo contrario uno se ve inmerso en un torbellino de caras y sensaciones, tanto en la vida cotidiana como cuando nos sumergimos en el torbellino que es la muerte.
Las personas que habéis pasado, por lo menos una vez, por el taller Despertar a la Vida a través de la Muerte, que dirijo desde hace ya más de 20 años, sabéis perfectamente el ingente esfuerzo que cuesta no dejarse atrapar por el ciclón de caras y sensaciones que aparecen una y otra vez en medio de un profundo estado de confusión y de expansión de la consciencia, conocéis el esfuerzo que requiere mantener la consciencia de uno mismo y conocéis el incomparable gozo que produce salir de la experiencia con el alma renovada para vivir mejor.
Las personas tenemos que pasar una y otra vez por tal espacio de confusión para tener un atisbo de lo que sucede tras la expiración y para aprender que sólo hay una manera de no dejarse atrapar por las fantasías creadas por la propia mente. Es la misma y única manera que funciona durante la vida, y que se resume en dos palabras: Amor y Trabajo interior.
Una y otra vez insisto en que no hay que abandonar ni abaratar por pereza la consigna que resume la acción final de la vida: Amor y Trabajo. Tampoco debemos renunciar a vivir en una sociedad que es muy poco satisfactoria —por decirlo de una forma educada— para tratar de alcanzar la Luz Pura. Como se suele decir, estar en el mundo sin ser del mundo.
Haciendo un resumen rápido de lo que propone tanto el budismo tibetano como el hinduismo, tras la muerte y en ausencia del cuerpo, todos nuestros pensamientos y sentimientos parecen adoptar una forma concreta. Los pensamientos se convierten literalmente en ‘cosas’. El muerto ve esas cosas y, a no ser que alguien le ayude, queda atrapado en ellas, exactamente lo mismo que sucede durante la vida. De ahí que el guía o gurú oriental repite incansable al oído del muerto y durante largas horas que estas apariciones que está viendo son meras alucinaciones, que sólo son una proyección de su propia consciencia, que debe avanzar sin dejarse atrapar ni por la atracción ni por el rechazo, que tan solo son distracciones que ha creado la misma persona: “¡Oh, hijo predilecto! No dejes que tu mente se distraiga, avanza sin parar, camina, no dejes que estas formas atrapen tu atención”.
Control de la atención, esta es la clave de las claves, es la indicación que se nos recuerda una y otra vez de diferentes maneras. Trabajar la presencia… atención, atención y atención. Adelante, no te detengas ni dejes de caminar con determinación, no te entretengas con las fantasías que tú mismo creas.
No es extraño que la primera y la última palabra que aparece en el maravilloso e inspirado libro de Aldous Huxley, La isla, sea “atención”. Atención es la primera palabra que canta el pájaro de la mítica isla al viajero herido y trastornado que llega a la isla proveniente del mundo occidental, es la primera palabra que escucha el recién llegado que necesita pelearse con casi todo para, en su pobre consciencia del mundo, sentirse vivo.
De nuevo, más de uno se puede preguntar: “Bien y ¿Cuál es la clave para vivir atento, para no caer en el sopor de la mecanicidad de forma permanente?”.
Y de nuevo repito en pocas palabras una indicación universal: mientras está sucediendo lo que sea que suceda, es esencial, si uno puede, ver su aspecto externo, acordarse de sí, observarse desde fuera. Naturalmente, es importante para todos ocuparnos de nuestros propios asuntos y ver el peso que tienen en nuestra vida, pero a la vez y a través de todo esto, uno puede percibir otro nivel de la realidad, el nivel esencial en el que cambia el orden de importancia de las cosas.
A la luz de este otro nivel, suprimirás muchas de las actividades que haces ahora porque te darás cuenta que no tienen la menor importancia y carece de sentido dedicarles tiempo y energía. Entonces te darás cuenta también que muchas de estas actividades deben ser realizadas, y las harás de una forma completamente diferente. Te acordarás de todas las veces que se nos insiste de mil maneras en que el cambio en la vida no implica un cambio de actividad, sino un cambio de la actitud con la que hacemos lo que hacemos. Y si tienes suerte, pones tu verdadero esfuerzo y Dios te da un poquito de ayuda, entenderás y empezarás a hacer las cosas con desidentificación y desapego pero esforzándote al máximo. Aceptarás y practicarás una de las paradojas de la evolución humana, núcleo del Trabajo Interior: esforzarse hasta el límite para tener éxito en lo que sea que estés haciendo, y al mismo tiempo mantenerte alejado o alejada de ello. Ya sabes cómo va: si no tienes éxito, pues bueno, salió mal; si tienes éxito, tanto mejor, sin más. No hay que regodearse en el éxito ni apenarse por el fracaso, hay que estar presente en el ahora, esto y aquí, eso es casi todo.
Es la historia profunda del camino humano, repetida de mil maneras en la Biblia, en el Corán, en el Bhagavad-Gita, en el Cuarto camino, en el Libro de Zoroastro, en la Escuela de Vida y en la Gran Tradición: a la vez, actuar con pasión y con desidentificación.
El Bhagavad-Gita es un texto sagrado hinduista, considerado uno de los poemas religiosos más importantes del mundo. El contenido de los 700 versos que lo componen es una conversación, en el campo de batalla, entre Krishna, encarnación del dios Visnú o Espíritu Supremo, y su primo y amigo, el guerrero Arjuna. La conversación se da durante los instantes previos al inicio de la guerra de Kurukshetra. Arjuna, el guerrero, está sumido en la confusión y en un grave dilema moral, y Krishna, su conductor, le explica sus deberes como guerrero y príncipe. Le ordena que en la batalla luche con toda su fuerza y valor, pero que permanezca ajeno a la guerra. Estar en el mundo sin ser del mundo.
Si observamos nuestro mundo interno y también a nuestro alrededor, vemos que constantemente hay batallas, y de entre todas ellas destacan tres, que son de las que habla el Bhagavad-Gita y motivo constante de Trabajo interior:
a) la batalla del guerrero descontento, resentido y vengativo, que se siente social y psicológicamente ‘obligado’ a luchar para encontrar un sentido a su vida, necesita ser contrariado, —es decir, sentirse contrariado—, necesita dar y recibir un ’no’ por respuesta, incluso aunque el ‘sí’ sea más ventajoso para él mismo. Sin darse cuenta, lucha contra enemigos externos que casi siempre son la sombra de su propio enemigo interno. Esta batalla nunca acaba, ya que aunque el guerrero venza al enemigo externo, el interno está sólo aplacado por un ratito y pronto necesita otro enemigo.
b) existe otro tipo de guerrero: la persona en exceso cautelosa y suspicaz que se desanima fácilmente, que permanece pasiva en lugar de arriesgarse ante la posibilidad de una derrota y que se engaña a sí misma con innumerables formas de mentir para evitar enfrentarse a los problemas y asumir la responsabilidad de tomar decisiones y pasar a la acción.
c) aun queda otra clase de batallas o de guerreros. A veces conocemos estas batallas, pero ¡es tan raro toparse con ellas! Me refiero al guerrero que sólo lucha para mejorar el mundo después de una valoración ética de la situación. Es el guerrero indiferente a la victoria y a la derrota porque posee la paz dentro de sí, está desapegado de las reacciones que le provoca el mundo. Este tipo de guerrero, liberado de los demonios de su inconsciente, es calmado y contenido, exteriormente puede parecer decidido y hasta despiadado, tranquilo o muy furioso, pero en su mundo interno disfruta de una armonía invulnerable. Es el guerrero que actúa sin egoísmo y sin encadenarse a ningún credo, que actúa con firmeza, con total entrega y con rectitud moral sin sentir el menor interés por el éxito o por el fracaso, y éste es uno de los objetivos: llegar a ser personas sin anhelo, con una presencia limpia, con plena consciencia y responsabilidad de nuestros actos.
Por otro lado, tampoco hay que obviar que, sea cual sea el nivel evolutivo o de espiritualidad en el que estemos, somos humanos y siempre estamos limitados por la Leyes de la Naturaleza. Un dolor de muelas es un dolor de muelas, el tiempo pasa para todos nosotros y la muerte nos espera al final del camino, hagamos lo que hagamos con el tesoro que nos ha sido otorgado, que es el tiempo de vida.
Limitémonos a la consigna universal que rige las esferas más vibrantes y libres y que da un sentido permanente a nuestra existencia: Amor y Trabajo.

De cara al seminario ‘Música e Inconsciente’

De cara al seminario ‘Música e Inconsciente’ que impartirá J.MªF. dentro de un mes y medio en Colombia, la organización del acto ha propuesto crear un foro temático y abierto al que J.Mª responderá de forma sucinta. Lo iremos incluyendo en este perfil.
Ha llegado la primera pregunta:
-PREGUNTA
Suponiendo que se pueda hablar de un “canon musical”, ¿qué efecto ha tenido sobre dicho “canon” la irrupción mediática, casi como un ‘descubrimiento’ de la diversidad, de las llamadas “músicas del mundo”, o músicas étnicas a partir de los años 90 (del siglo pasado)?
-RESPUESTA
Occidente nunca he tenido reparos en inspirarse de fuentes exóticas o lejanas para su creación artística. Tenemos numerosos ejemplos detallados, desde el Renacimiento italiano en artes plásticas hasta el modernismo catalán en arquitectura, por mencionar solo dos grandes casos. Con la música ha sucedido lo mismo: el descubrimiento de las voces masculinas de subgraves en el canto Ortodoxo cambió el canon musical europeo del siglo XIX-XX, las melodía andinas han inspirado una parte de la música pop del siglo XX, y los ritmos africanos han marcado la percusión occidental desde los años 1970. No obstante, el tema profundo es que la música occidental tan solo se apropia o se inspira en la dimensión formal de las músicas étnicas, no en su sentido cultural y espiritual. Occidentalizamos las expresiones musicales foráneas a base de eliminar todo contenido ‘real’, dejándolas en algo superficial. Así por ejemplo, las músicas africanas son para bailar, ningún africano puede entender que ’se escuche música’ estando sentado, a menos que el oyente no esté enfermo. Por otro lado, cada instrumento de percusión es la voz de alguno de los dioses de su panteón animista, y todo el mundo sabe a qué divinidad pertenece tal o cual golpe y tal instrumento, con lo que un concierto de percusión en realidad es un verdadero diálogo espiritual animista vivido a través del baile, algo mucho más profundo que los meros juegos sonoros y rítmicos que nos llegan a los occidentales. Así pues, ha cambiado un cierto canon estético pero no la manera de percibir las músicas étnicas, ya que al caer en poder de la industria discográfica estas músicas se occidentalizan y pierden su alma. Otro tema es que, a veces y gracias a tal globalización musical, algunos occidentales se animan a buscar el alma perdida de las músicas étnicas y descubren un universo más allá del sonido. Gracias.

Saeta del día

El ser humano necesita tener dificultades, ya que forman la base de nuestra salud. Las necesitamos para poderlas vencer y así evolucionar, sin dificultades no hay crecimiento.
Solo es la magnitud desproporcionada de alguna dificultad lo que, a veces, nos hace sucumbir.