Respetarse y hacerse respetar

Segundo peldaño en el camino para ser lo máximo uno mismo posible.
Josep Mª Fericgla
RESPETARSE Y HACERSE RESPETAR
Después de evaluar la alienación, de observar y reconocer los automatismos adquiridos que guían nuestras vidas y de tomar consciencia de la precariedad de la existencia, después de ser conscientes de dónde y cómo vivimos y de reflexionar sobre la trayectoria de cada uno, suele despertarse un deseo irresistible de caminar con más fuerza en una única dirección: confiar más en sí mismo. Dada persona ha que abrir y mantener un cauce de confianza inquebrantable en sí misma. ¿Cuál es la manera? Tomando medidas para que prevalezca el respeto hacia ti, para respetarte por encima de todo.
El término respetar y respetarse son herencia del vocablo latín respectare, que venía a significar ‘mirar hacia atrás’, ‘observar con insistencia’ o ‘tomar en gran consideración’. Todo esto es lo que significaba respectare: tener veneración hacia algo, acatarlo, tener consideración para con uno mismo, sentirse digno de la propia estima, considerar que la propia vida es valiosa, y no sólo para mí sino también para los demás. Y el respeto hacia sí mismo que implica mirar hacia atrás en la propia existencia debe entenderse como una observación, como acordarse de sí mismo, jamás como una especie de juicio o psicoanálisis a posteriori.
Así pues, tras tomar consciencia del propio cuerpo y de sus límites y capacidades, la primera medida a tomar es respetarlo, dar cuidados de calidad al propio cuerpo, rechazar con fuerza toda adicción y conducta compulsiva, no sacrificar el cuerpo por una obsesión de la mente, hacer deporte regularmente, cuidar el aspecto físico de manera que cuando uno se vea reflejado encuentre agradable su imagen: si uno mismo la encuentra agradable también lo sentirá en las miradas de los demás. ¿Y si resulta que no es esta la realidad de una persona? Hay una salida simple: esforzarse al máximo por cambiar la situación y el aspecto, y por preservar la salud. Aunque parezca una actitud egocéntrica o hipocondríaca, cuidar razonablemente de uno mismo es el primer factor de respeto hacia sí mismo.
Por otro lado, respetarse implica tener bien claros los valores y los términos de referencia que guían la vida de la persona, saber qué entiende por ‘bien’ y por ‘mal’, tener clara la jerarquía de cosas y acciones para no dudar demasiado, poder decidir sobre qué áreas y cosas está dispuesta a transigir y en cuáles no. Tener los valores claros significa distinguir claramente lo importante y lo periférico en la vida de uno y saber discriminar entre la búsqueda de una satisfacción inmediata o bien en invertir en una plenitud que se hará esperar. ¿Respetarse implica exigirlo todo, ahora y aquí? No, no es esto. Todo, ahora y aquí no puede ser, y pretenderlo es justamente no respetarse.
Si alguien no tiene claro los valores que debe respetar, sus valores, tal vez le puede ser útil este pequeño ejercicio: describe en cuatro palabras lo que sientes que debes respetar. Por ejemplo, términos como dignidad, sinceridad, solidaridad, limpieza, elegancia, amabilidad, servicio a los demás o utilidad pueden describirlo.
Respetarse a uno mismo implica tomar en serio estas palabras y lo que significan, mantener la promesa día tras día, modelar el comportamiento y las intenciones con estos valores. Significa aspirar sin descanso a la excelencia de uno mismo.
Este noble propósito —respetarse a sí mismo y hacerse respetar— nos conduce a otras exigencias no menos nobles. Por ejemplo, a no mentirse, a no regatear esfuerzos, a reflexionar y entender los propios fracasos sin culpabilizarse, a identificar y asumir la responsabilidad que uno tiene en cada momento y situación, a comprender y aceptar lo que uno puede esperar de sí y no rehuir la verdad sobre sí mismo, incluyendo sus secretos personales y vergüenzas familiares. En definitiva, respetarse significa no aceptar la perspectiva de marcharse de este mundo sin haber intentado —con todas las fuerzas— hacer aquello que uno se había prometido llevar a cabo.
El auto-respeto también conlleva disolver el odio hacia sí mismo, no despreciarse, implica pensar que —como es en realidad— por fuerza tiene que haber en el interior de uno algo que merece ser valorado. Implica tener siempre presente que nada está perdido y que nunca hay que pensar que es demasiado tarde, que uno tiene derecho —como todo ser humano— a una vida hermosa y buena, al goce y a la plenitud.
¿Hay más cosas que conlleva el acto de respetarse a uno mismo? Sí, aun hay más. Muchas más. Por ejemplo, intentar por todos los medios a tu alcance dejar de despertarte pena y de buscar consuelo, sea en ti mismo o en los demás. Implica que desarrolles el temple necesario para admitir la realidad cuando te traiga noticias desagradables o perspectivas difíciles en tu futuro. Significa estar siempre preparado para sacar lo bueno de lo malo, para convertir los problemas en oportunidades.
Respetarse a sí mismo significa confiar en uno mismo y confiar en las fuerzas superiores del destino, confiar en Dios si se es creyente.
El respeto a uno mismo es como un riachuelo que con su caudal nos lleva hasta ese lugar profundo donde reside la fuerza interior, donde hallamos la integridad y el coraje para enfrentarnos a aquello que nos atemoriza, y de donde sale la lucidez y la fuerza para vivir. Es ese rinconcito interior donde está la decisión para vivir plenamente a pesar de las vicisitudes del camino, y de caminar sin un optimismo bobo y vacío, y sin un pesimismo paralizante e inútil.
El respeto a uno mismo también tiene una cara hacia exterior. Una persona que se respeta de forma inquebrantable proyecta equilibrio en su entorno y transmite una imagen serena y positiva de sí mismo. Y eso, justo eso, es lo que hace que su alrededor lo respete. ¿Cómo esperar que los demás me respeten, si yo no me respeto a mí mismo? No se puede pedir lo que uno no se da. Y es recíproco: al sentirse respetado —porque uno empieza por respetarse con serenidad— el sujeto respeta a los demás. Uno se convierte en fuente y en espejo de respeto.
Tras una temporada practicando hasta conseguir que la actitud de respetarte y hacerte respetar se haya hecho cotidiana en ti, puedes dar por acabada la segunda fase del camino hacia la construcción de tu propio destino. Confía en ti.

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