Saeta del día

Nasrudín tenía un problema con su vecino Abdullah: le debía cien dírhams y no sabía como devolvérselos. Una noche estaba acostado en la cama con su mujer, y daba vueltas y más vueltas preocupado por su deuda con Abdullah. Así fue como, de tanto moverse, al final su mujer se despertó y le dijo: 
—¿Qué te pasa, Nasrudín?
—Es que le debo cien dírhams a Abdulah y no sé cómo le voy a pagar mañana.
La esposa se vistió, salió de casa, fue hasta el patio que había frente a la casa de su vecino y gritó:
—¡Abdullah, Abdullah! Mañana Nasrudín no te va a pagar los cien dírhams.
Acto seguido regresó a la cama y le dijo:
—Ahora ya puedes dormir. Es él quien se va a quedar despierto el resto de la noche.

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